Diario de León

LA VELETA

Aznar opta por la eutanasia política

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CARLOS CARNICERO
León

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EN AQUELLA ocasión se llegó a hablar de traición. Fue cuando el ex presidente Felipe González realizó un viaje privado a Marruecos, en el contexto de una situación delicada con ese país. Los servicios de la Embajada de España y el portavoz del gobierno de Aznar, transformaron el viaje privado en una traición, por el sencillo método de inventarse una reunión del ex presidente español con las autoridades marroquíes, presentada como un acto contrario a los intereses de España. El contacto de González con el gobierno marroquí nunca existió. El de José María Aznar con el presidente Bush sí que está programado. Entonces, un periódico de Madrid, acostumbrado a hacer los trabajos sucios del gobierno de Aznar, fue el instrumento de la insidia. Aznar acaba de decir en u na entrevista en el periódico Los Ángeles Times: «Si yo fuera el presidente del Gobierno, las tropas aún estarían cumpliendo sus obligaciones en Irak». Aznar no ha entendido, a estas alturas, que por su obcecada posición en Irak, entre otras razones, el Partido Popular no sólo ha perdido las elecciones sino que además está a diez puntos en intención de voto del PSOE. Aznar puede viajar a Estados Unidos en un momento extraordinariamente delicado de las relaciones internacionales sin que se le llame traidor, a pesar de que haya dicho en Estados Unidos que la retirada de las tropas españolas de Irak equivale a una victoria del terrorismo, porque cuenta con la ventaja de que no existe un ministro portavoz como Pío Cabanillas ni unos dirigentes en RTVE como González Ferrari, Ernesto Saénz de Buruaga o Javier González Ferrari. El viaje de Aznar a Estados Unidos es una demostración de deslealtad múltiple con el gobierno de España y con el conjunto de los españoles. Si la política decidida en las urnas ha sido la retirada de Irak, a pesar de ser una decisión difícil frente al inmenso poder diplomático y económico de Estados Unidos, quitarle la razón al gobierno y dársela a Bush es una deslealtad manifiesta, pero también lo es con su propio partido al que en vísperas de unas elecciones vitales le ha facilitado una dosis extra de la pócima que le obligó a abandonar el poder.

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