CON VIENTO FRESCO
Donde dije digo...
LA INCOHERENCIA ideológica de los partidos o sus polìticas concretas se perciben de forma muy diferente por los grupos de opinión y por el electorado, en razón de los diferentes partidos. Algunos tienen una cierta bula en las polìticas que realizan, aunque éstas no difieran sustancialmente de las de sus adversarios. No me refiero, aunque podrìa hacerlo, a la percepción tan diferente que ciertos medios y opinión pública muestran en torno a la política del PSOE sobre la guerra de Iraq. Felipe González nos metió en la primera guerra del golfo contra dicho paìs, como antes, tambièn sin consultarlo, lo habìa hecho en alguna de las que surgieron en la antigua Yugoslovia, y no hubo la menor crítica a la presencia de tropas españolas. Lo hace después el PP y se organiza una monumental oposición, orquestada por los corifeos de aquel partido que, entre otras causas màs oscuras, le sirve para ganar las elecciones. La salida de las tropas de Irak, política que busca halagar determinados oìdos, parece ofrecerle igualmente unas buenas expectativas en las elecciones europeas, a tenor del último sondeo del CIS. Pero no era exactamente a esa guerra a lo que me quería referir, sino a algo más cercano. En el año 1996 el gobierno de Ismael Álvarez en el ayuntamiento de Ponferrada aprobò la privatización del servicio del agua por un montòn de años. No se buscaba mejorar dicho servicio -podría haberse logrado con la Mancomunidad-, ni siquiera dicha opción estuvo ligado al pensamiento liberal de los polìticos del PP de apoyo a la empresa privada, sino a algo más pedestre pero fundamental en la perdurabilidad de los políticos en sus cargos: la necesidad de 1.000 millones de las antiguas pesetas, que le ofreció la empresa concesionaria. Cantidad que el equipo de Ismael necesitaba, antes de crear Pongesur la otra fuente de ingresos recalificando suelo urbano, para la ambiciosa política de obras que se han llevado acabo en la ciudad en estas últimas legislaturas, y que realmente la han transformado positivamente. Dicha privatización levantó una ola de protestas nunca vista en la comarca. Partidos, sindicatos, asociaciones de vecinos y otros colectivos ciudadanos, bien instrumentalizados por el PSOE, llamaron a los ciudadanos a salir a la calle para protestar ruidosamente, y gritar al equipo de gobierno del PP con todos los epìtetos propios de la agitpro. Yo critiqué las razones de Ismael sobre la privatización, pero nunca puse en cuestión la legalidad de dicha política. Es màs, creo que en varias oscasiones escribí que las privatizaciones de servicios y la recalificación del suelo las han hecho polìticos del PSOE y del PP sin caérseles los anillos en razón de sus intereses electorales. Cuando la capacidad de endeudamiento de un ayuntamiento se ha agotado, si el alcalde quiere repetir en el gobierno ha de buscar el dinero donde sea. Unos son coherentes con sus ideas, fue lo que le pasó a Celso López Gavela, que también pudo hacerlo y no quiso; otros socialistas, por el contrario, privatizaron el agua, como en Vigo, y siguieron algunos años en el poder. No es el fondo lo que ahora critico sino las formas, o mejor, cómo ciertos colectivos gritan o callan en razòn de la conveniencia polìtica. Esta semana el equipo de gobierno socialista de Bembibre, presidido por JesùsEsteban, ha aprobado sin debate la privatización del servicio de agua en su ciudad; pero ningún sindicato ni asociación de vecinos ha salido al paso de esta medida. Nadie le ha montado ninguna manifestaciòn, nadie ha hecho una campaña de desprestigio del alcalde. El PP de Bembibre, con razones parecidas a las del PSOE de Ponferrada, ha criticado la medida. Unos y otros, en sus respectivos tiempos, aludieron y aluden a la hipoteca que dejan a las futuras corporaciones, ambos hablaron y hablan del necesario consenso en polìticas a tan largo plazo; pero todo fueron y son oídos sordos. No discrepo de los partidos ni de las polìticas que realizan para obtener recursos, que les garanticen buenos resultados electorales, sino de los gritos o del silencio mudo de los corifeos que las critican o las aplauden solo por ser o no de los suyos.