Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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ME ENCANTÓ la patadina de Froilán, lo mismo que me ha repateado cierta tropa de comentaristas de la boda. Una señora comentarista esgrimió que debieron de haber discutido el día antes porque se les veía tristes. Es de la que llama periodismo de investigación a informar sobre la familia Pajares, qué se puede esperar con esos antecedentes profesionales. Más aún ¿cómo han dejado las televisiones, cuyos presidentes fueron a la boda, la información en mano de tales personajes? Lo suyo no es periodismo, ni siquiera de opinión. Nadie pide baboseo monárquico, ni reportajes cursis, pero tampoco ese despliegue de zafiedad, de narcisismo, de erudición en nada. Todas las bodas son maravillosas para quienes se casan enamorados, como es este caso. La intensidad gestual con que ese amor se manifiesta en público no puede estar sujeto a representación ni a protocolo, no puede forzarse. Donde otros vieron sosería, quien esto escribe vio naturalidad y amor no teatralizado. El buen republicanismo ha sabido ser más digno que toda esa tribu. Lo de Gaspar Llamazares es muy distinto, no es que se haya quedado en el año 1936 es que quisiera tomar La Bastilla. A mí me gustó la boda, todo lo que me puede gustar una boda que no sea la mía, que es la preferida. Me transmitieron energía positiva, enamoramiento. Y lo hicieron con sobriedad, que es una virtud del poderoso. Se ha reprochado que los monarcas no llorasen. ¿Fui el único que vio en sus rostros el relámpago de la felicidad y, al mismo tiempo, del cansancio tras la misión cumplida? Sólo faltó que les culpasen de que llovía. Lo dicho, bien por esa patadina de Froilán¿ y que les den pronto el patadón a ese circo de arribistas, su presencia constante en las televisiones es ya una pesadilla.

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