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JUAN F. PÉREZ CHENCHO
León

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VUELTA la burra al trigo. En temas autonómicos nos despertamos cada día con un nuevo sobresalto. La agrupación local socialista de León acaba de aprobar una enmienda que presentará al próximo Congreso Regional, según la cual, propone que la Diputación Provincial asuma las competencias de la Delegación Territorial de la Junta de Castilla y León. Vuelve, digo, la burra al trigo. Y ni tirándole del rabo habrá quien la saque por el portillero. La enmienda equivale a un revival: retrotraerse a lo que decía el artículo 20 del Estatuto de Autonomía hasta el año 1999, cuando se consumó la reforma. Así estaba recogido y no se cumplió nunca. Es más: debe recordarse ahora que siendo José María Aznar presidente de la Comunidad Autónoma, su primera medida fue precisamente crear las Delegaciones Territoriales y afirmar con rotundidad que el mencionado artº 20 no se iba a cumplir. Así se caminó sobre la niebla hasta el año 1999. Igual que hasta la fecha con el artículo 3 sobre las sedes de las instituciones. Un incumplimiento absoluto. Me sobrecoge la débil memoria política de quienes hoy llevan el timón de las instituciones. Lo que ha ocurrido después está dentro de la coctelera de las lógicas discrepancias entre el PSOE leonés y el de Castilla y León. El espectáculo, además de frívolo y extemporáneo, es poco conveniente. La Junta de Castilla y León intenta aprovecharlo. Por su parte, el PP leonés huye del debate porque no desea verse involucrado, de ninguna manera, en la polémica. Alguno, de hacerlo, lo pasaría realmente mal. Se quemaría no las cejas, sino el futuro político. Aunque el asunto no es de discrepancias entre dirigentes políticos. El problema real es de fondo. Por eso, desde la Junta de Castilla y León harían mal en mirar para el dedo cuando en realidad le están señalando la luna. Falta por saber -al menos yo no lo sé por chequeos fiables- lo que dicen los leoneses sobre el cacareado sentimiento regional. Todos sospechamos que esas encuestas existen, pero deben estar guardadas bajo siete llaves como si fueran el mayor tesoro sociológico de la Comunidad. El pote autonómico está hirviendo a fuego lento, pero las cosas pueden complicarse mucho más si, como pretenden destacados miembros de la UPL, tras las elecciones al Parlamento Europeo -a quince días vista- o a la vuelta de las vacaciones del verano, comienzan a recoger firmas pidiendo un referendum o directamente una Comunidad autónoma al Gobierno de la nación. Es decir: el problema no está en las improvisaciones congresuales del PSOE, pero como en la escena de las meigas gallegas -haberlas, haylas- moviéndose entre la niebla rodeadas de dalias, cualquier revival es posible. Lo que realmente debe reflexionarse en la Junta de Castilla y León tiene un enunciado de este tenor: ¿Qué habremos hecho mal para lograr este desafecto en León e, incluso, este divorcio afectivo y de intereses?.

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