Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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EL INESORABLE y oxidante tic-tac del tiempo no perdona a nadie, ni tampoco sirve para mejorar la calidad personal del individuo. Ahí tenemos al antaño gran estadista Manuel Fraga, en cuya descomunal bóveda craneal se decía que cabían todos los asuntos del Estado, seriamente afectado por las goteras de la edad y un paso de traspasar la raya de la realidad. Último representante en activo de la bajuna dictatorial del franquismo, sigue bien aferrado al cargo y aún conserva un carácter de gallo de pelea que saca a relucir con triste periodicidad ante el progresivo derrumbe de su rancio templo de valores. Ahora se ha lanzado al ruedo de la campaña electoral, supongo que alimentado con estofado de león, soltando en público una serie de extravagancias que pretenden moldear la realidad a sus deseos, como haría paradójicamente cualquier marxista fanatizado. En una penosa loa a la cazurrería califica de «falsas» las elecciones que perdió su partido el 14-M, añadiendo que los populares deberían haber decretado el estado de excepción para atajar las voces de un pueblo rabioso por conocer la verdad sobre los atentados de Madrid. La cosa no queda ahí. Erigido en árbitro de conductas y costumbres, el Fragasaurio también pone a caldo al Gobierno a cuenta de su intención de ampliar los supuestos del aborto y posibilitar las bodas entre homosexuales, afirmando como no podía ser menos que sus profundas convicciones de orden moral están en contra de que «aquí valga todo». O en otras palabras, condenando a los disidentes al orden establecido a poco menos que el trastero social. Igual que el viento, el señor Fraga nunca está en su sitio y, a fuerza de cumplir años, no termina de asimilar que todo cambia y hace mudanza. Como dijo Cuasimodo, estamos jorobados con don Manoliño. 1397124194

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