Diario de León
Publicado por
RAFAEL TORRES
León

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ES MUY probable que la capacidad de merendarse al adversario sin recurrir al insulto esté relacionada con alguna suerte de superioridad intelectual. O, sin más con la urbanidad y la buena educación, si bien este otro supuesto desvelaría, asimismo, una notable superioridad sobre el polemista que, ayuno de esas cualidades, centra su argumentario en la descalificación personal del otro. En todo caso y dicho más a la pata la llana, el que no insulta ni descalifica piensa mejor y vale más que el que transforma el duelo dialéctico en una gresca y el contraste de la opinión en un ejercicio tabernario. En el famoso debate a dos de Antena-3 se vio algo de eso. Una cosa es un mitin, una charla estimuladora del voto ante una audiencia mayoritariamente compuesta de cómplices partidarios y otra muy distinta un debate televisado al conjunto de la sociedad. Si en un mitin electoral llama uno chisgarabís, energúmeno o tonto de caerse al adversario (Rodríguez Ibarra es un especialista del género), uno obraría, aunque mal, comprensible e inocuamente, pero si en un debate televisado no para uno de llamar mentiroso a su interlocutor, el que es un chisgarabís, un energúmeno y tal vez un tonto de caerse, es uno. Sentado cómodamente este principio, habremos de conceder que el señor Mayor Oreja, cabeza de lista del PP al Parlamento Europeo, no tiene ni idea de lo que es un debate ajustado a los términos del decoro que exige el intercambio de opiniones entre cualesquiera ciudadanos. Se trata, en el fondo, de un viejo y deplorable ardid el utilizado por Mayor Oreja: fuerza al adversario a consumir su tiempo de palabra defendiéndose de los insultos que se le dirigen. Mientras, desordenado, caótico, así como indirectamente antipatriota y corrupto, llamó a Borrell el señor Oreja para consternación de un cuerpo electoral que, por fortuna, ha aprendido a separar el trigo de la paja y el exabrupto de la opinión razonada.

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