Diario de León
Publicado por
VICENTE PUEYO
León

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HAY GENTE dura, coriácea, en las raíces. Cohortes disciplinadas de fuertes brazos. Somos legión, en efecto, y hoy cumplimos 1936 años. Pocas ciudades pueden presumir de tener documentada un acta de nacimiento tan añeja. El salto al 10 de junio del año 68 es puro vértigo pero es también un salto saludable que nos lleva hasta las fuentes de donde surgieron las generaciones esforzadas que fueron construyendo nuestra historia. Bajo nuestros pies no hay sólo piedra y sorpresa sin desvelar. Hay pura energía. Energía acumulada a través de los días. Un poso fecundo donde conviven quimeras y desengaños; o sea, lo que desde siempre viajó y viaja en el corazón del hombre. Somos legión. Los sillares fundacionales son rudos y austeros pero son nuestros; ellos son nuestra seña de identidad. Por eso, cuando afloran nuevos restos que van componiendo el puzle que nos enlaza con las águilas de la Legio Gémina, lo que aparece es oro en forma de muro o de curtida y venerable arenisca. El reciente hallazgo del denominado Principia, o cuartel general de la Legio VII, y los criterios encontrados que se han evidenciado en torno a su conservación y puesta en valor, son otra oportunidad, una más, para tomarse en serio, de una vez, la importancia de preservar nuestro legado romano. Reconociendo que ahora se trabaja, en términos generales, con más criterio y planificación que hace unos años, también es cierto que la atención a nuestro patrimonio, y en particular, el que forma parte de nuestro fundamento, es manifiestamente mejorable. Sin ir más lejos, Astorga ha dado a León una lección de mayor tenacidad, sensibilidad y perspicacia a la hora de reconciliarse con sus ancestros y a la hora de obtener de ellos un justo rendimiento del que se beneficia toda la antigua Asturica Augusta. Efemérides como la de hoy, que se conmemora -felizmente- con la apertura de la cripta de Cascalerías, debería servir para reflexionar sobre la necesidad de unir esfuerzos y voluntades para aprovechar racionalmente el filón que está bajo nuestros pies. Se puede ser pobre, pero lo que no tieneperdón es dilapidar la propia herencia. O pasar sobre ella como Atila.

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