Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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RECONOZCÁMOSLO. Para muchos compatriotas eso de Europa es sólo una copa de fútbol,  ya ni siquiera el rapto de una señora, que tener tal conocimiento en Mitología implica haberse leído un librín o, por lo menos, haber atendido el día que lo explicaron en clase. Hemos desterrado la boina, pero nos ha quedado la marca; la boina metafórica, que la otra es muy digna. Sánchez Dragó, tan culto él, ha soltado un relincho contra Claudio Magris, último Premio Príncipe de Asturias de las Letras, por su concepción europeísta. La culpa la tienen quienes lo seleccionaron como jurado, que se cubrieron. Los improperios que ha soltado contra él tienen la impronta del ególatra en horas bajas, todo ello enmascarado en una pedante acusación contra una Europa de pensamiento único. Quiere ser Emile Zola, pero no llega; tendrá a punto una promoción, porque estos escritores mediáticos no dan puntada sin hilo. Ni en el caso de que Magris no mereciese el premio puede emplearse como insulto el término «maestrillo». Sánchez Dragó lee, pero le ha cundido poco, salvo para hacer exhibicionismo con la memoria.  Hará ya casi quince años, le entrevisté en León. afirmó que se hacía demasiado el amor y que debía seguirse la pauta de los animales, es decir, sólo hacerlo en épocas de celo. Don Quijote enloqueció de tanto leer libros de caballería, Sánchez Drago ha debido de hacerlo de tanto leer los propios. Europa tiene que apostar por sus grandes pilares culturales, sobre los que se apoya.  Lo europeo es Oriente y Occidente, todo lo que los nacionalismos no son. Europa no es sólo un espacio en un mapa, sino una actitud. No puede ser sólo un gran proyecto económico, sino una entrega. Y, desde luego, no es Sánchez Dragó¿ afortunadamente.

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