Diario de León
Publicado por
ISIDORO ÁLVAREZ SACRISTÁN DOCTOR EN DERECHO
León

Creado:

Actualizado:

A LOS que no hicieron la guerra civil de 1936-39 o eran niños en aquellos años, les están bombardeando -nunca mejor dicho- todos los días con lo que llaman «la memoria histórica». No se escapa la provincia de León de esta memoria, jaleada por psudointelectuales de salón o premiados como Lorenzo Silva que se deja decir que «la memoria de la guerra histórica de la guerra española no está resuelta». Yo entiendo que esta ecuación ha sido despejada hace más de 25 años por medio de la Ley de Amnistía. En el Real Decreto-Ley 10/1976 de 30 de julio se explicaba en la exposición de motivos por medio de los siguientes argumentos: A) Se trata de «promover la reconciliación de todos los miembros de la Nación»; es decir, que no se excluía a nadie, en esa reconciliación estaban tanto los familiares de quienes yacían en el valle de los Caídos como los enterrados en las fosas comunes de cada pueblo. B) Con la citada Ley se tendía a «superar las diferencias entre los españoles»; estábamos todavía a treinta y seis años de terminación de la guerra civil y los españoles -que participaron en aquella y aún vivían- entendieron perfectamente que se debía de olvidar el pasado y construir una nueva España en la que no se guerreara por las opiniones o las ideas. C) Se estaba en un momento, como se dice en el preámbulo de la Ley, en que nos dirigíamos a una «plena normalidad democrática»; que no quiere decir otra cosa que la construcción de una sociedad basada en el gobierno o en el poder del pueblo, pero la democracia no es sólo eso, sino el establecimiento de una mentalidad tolerante con los presentes, admisión del pasado y proyección comunitaria del futuro. D) También nos enseñó la citada Ley que se estaba ante un proceso «con el olvido de cualquier legado discriminatorio del pasado»; desde este espíritu hay dos conceptos que deben de tenerse presente: el primero que no puede hablarse de unos y otros, de un bando o de otro, los de una ideología o de otra, se acabaron las discriminaciones, el segundo es el olvido del pasado, pero todo el olvido, no sólo una parte de la memoria y regresar con otro memoria. E) Sigue diciendo la Ley que ello nos llevará a la «plena convivencia»; la realidad es que se trata de una antinomia, pues o existe la convivencia o no existe no se puede tener media convivencia o un poco; la convivencia es la totalidad del entendimiento sometido a unas reglas presentes y una predicción de futuro; como se sabe las leyes no tienen efectos retroactivos, si no dispusieran lo contrario, pero en aquella ley se permite y se invocan las conductas anteriores a 1 de abril de 1939 y, en algunos casos, anteriores a 1976. F) También se refiere la Aministía a «armonizar el olvido y la total abolición del delito»; no se propone que se recuerde a cada paso a unos y otros, sino que se trata de poner de acuerdo a dos o más cosas, poner, en fin, en armonía las conductas de unos y la permisibilidad de otros. Por otro lado, la Ley de 15 de octubre de 1977 resuelve que quedan amnistiados todos los actos de intencionalidad política, cualquiera que fuese su resultado, y una serie de conductas que van desde la objeción de conciencia hasta los de rebelión o sedición. Si bien es cierto que con la amnistía se extingue la responsabilidad penal -como se contenía en el anterior Código Penal, pero desaparecida del actual, aunque siga en la Ley de E. Criminal- tiene otras connotaciones que la actual sociedad debe de tener en cuenta. No podemos estar recordando la historia de las maldades a cada una de las generaciones, ni levantando de cada sepultura la distancia o el rencor. Pero una parte -casi siempre del mismo lado- no quiere perder la memoria, ni cumplir la Ley que nos dijo que se trata de una proposición para el olvido. Extraña, no obstante que no se hubiera aireado, por ejemplo dos publicaciones sobre las conductas de una determinada ideología. Así, El libro negro de Comunismo o La gran persecución , (ambos de Editorial Planeta, 1997). Si volvemos a rememorar las conductas, se deberá de tener presente todas las decisiones, porque en definitiva, la guerra incivil se presentó como una decisión intolerante de las partes -para unos de ilegal levantamiento, para otros de acabar con una situación de injusticia- en aquellos tristes años. Parece, ahora, que solamente había muertos de una parte y a los de la otra se les tiene olvidados. Si bien, en algunos años, se ensalzó a una parte delos muertos, ahora se trata de olvidar a aquellos y decidir sobre los otros. Y sorprende, también, que una parte mínima de la sociedad o minorías partidistas se arroguen la representación de toda una sociedad. Algunos líderes -de la izquierda más cavernícola- se llenan de frases grandilocuentes: como el pueblo no olvida, el pueblo quiere, etcétera, sin siquiera saber que el concepto de pueblo no existe sin que vaya acompañado de la norma. Es decir, están incumpliendo la ley amnistiadora. En fin, dejemos a los muertos en paz y si se quiere desenterrar la historia que se remuevan todos los sepulcros. Creo que es mejor declarar la amnistía de la historia.

tracking