Diario de León

EL BALCÓN DEL PUEBLO

JRQ: cumpleaños y jubilación

Publicado por
JUAN F. PÉREZ CHENCHO
León

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NO SOY su biógrafo, pero tengo repletas todas mis alforjas con sus datos personales, intelectuales, jurídicos, costumbristas y de vida. Conozco casi todo de él: desde el ocio, a las aficiones; desde sus capacidades de trabajar, a su sentido del deber y su grandeza humana. Me refiero a José Rodríguez Quirós, hasta ayer presidente de la Audiencia Provincial de León. Cumplió 71 años y se ha jubilado. Se va un presidente conciliador, de buen talante y más talento. Un presidente que ha humanizado la justicia, a la que ha lijado esa costra rancia de lejanía. La ha acercado a los ciudadanos sin merma alguna de respeto, independencia y rigor. Ha sabido conjugar como nadie su condición de pueblo y sus responsabilidades judiciales e institucionales. En una ocasión le definí como cónsul general de Babia y Luna en León. Es perfecta. Si hubiese cobrado las consultas y favores como un profesional del Derecho se habría hecho de oro. JRQ nació tal día como ayer hace 71 años en Láncara de Luna, pueblecito que duerme su sueño líquido bajo las aguas del embalse de Luna. Casado, cuatro hijos, licenciado en Derecho y Graduado Social. Ingresó en la carrera judicial en 1962. Pertenece a la hornada de la undécima promoción. Su primer destino fue el juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Potes. Era entonces un «neno», como decían sus padres, Constante y Palmira. Estaba delgado y tenía pelo. Y de Potes, a Cistierna, Tarrasa y Trujillo, donde también llevó el de Coria. La carrera judicial, en sus comienzos, tiene mucho de nómada. Nombrado Magistrado de Trabajo, le destinan a Barcelona, después a Oviedo y finalmente aparca su humanidad en León. En la ciudad donde cursó el Bachillerato en los Maristas, bajo la tutela del canónigo José Alonso, alias «Zapatones». Se hizo cargo de la Magistratura de Trabajo nº 1 -hoy Juzgado de lo Social-, y en comisión de servicios, de las de Mieres, Zamora y Palencia mientras estuvieron vacantes. También actuó como refuerzo durante más de seis años en el extinguido Tribunal Central de Trabajo y apuntaló la Sala de lo Social de Burgos. Todo ello, sin renunciar a su juzgado. Fue un todoterreno. Como escribí hace años: «Quirós no es Dios, pero trabaja como Dios». Ejerció de juez decano durante tres mandatos, los dos primeros elegido por unanimidad. Y ha impartido su magisterio en la Facultad de Derecho durante más de 20 años. Profesor admirado y querido. Dejó huella. JRQ la ha dejado allí por donde ha pasado. Su personalidad es desbordante. Está en posesión de la Cruz Distinguida de Primera Clase de la Orden de San Raimundo de Peñafort, la Medalla al Mérito Policial con distintivo blanco o la Cruz de Plata al Mérito de la Guardia Civil. Pero sus raíces son tan profundas que han llegado al corazón de Babia y Luna: Quizá ha celebrado con tanto júbilo o más que le hayan distinguido con los títulos de «Pastor Mayor» e «Hijo Predilecto» de Sena, o hayan rotulado una calle con su nombre en el mismo municipio. Ayer se cerró otro capítulo fecundo de su vida: cumplió 71 años y se jubila como presidente de la Audiencia Provincial. Sin embargo, no es la hora del adiós. Larga vida, amigo.

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