EN BABIA
Fiestas, UPL y anarquía en el asfalto
NO ESTÁ el tiempo para bromas. Mientras la población disfruta de unas fiestas al uso, llenas de «imaginación» a falta de otra cosa, se descalabra la UPL, se rompe un destartalado canal de regadío y los ciclistas, conductores y peatones siguen con su anarquía propia de una ciudad sin ley. Por partes, no sabría por donde empezar para ajustar las cuentas en mi ábaco. Me preocupa lo que pasa en la ciudad y en la provincia porque, aunque no lo parezca, al final nos vemos todos afectados por las decisiones de los demás. De las fiestas no hablaremos todavía. Además, lo mejor que podemos decir de ellas es que se acaban ya. Lo único que me parece mal es que no se aproveche la orilla del río para poner una playa, aprovechando la arena del recinto deportivo. En fin. De la UPL qué decir que no se haya dicho y la realidad superará con creces la imaginación más exarcebada y sus nuevos líderes nos depararán sorpresas aunque no sería exagerado vaticinar que ellos también se llevarán las suyas. En política, los aciertos a veces ni se notan, pero los fallos siempre terminan saliendo a la luz y suelen salir bastante caros a quien los comete, esté o no a la sombra del guindo o del cerezo. Y sobre mi tercera preocupación de esta semana, conductores, ciclistas y peatones, sólo se me ocurre que alguien debería poner orden en tanta anarquía como se ve por el asfalto. Conductores alocados que no saben lo que es un intermitente, lentos de reflejos y con complejo de fitipaldi, cuelgan el brazo por la ventanilla sin que ninguna autoridad les sancione. Si no se puede usar el móvil con la mano, ¿por qué se puede llevar colgando el brazo entero? En cuanto a los ciclistas, pocos son los que respetas las normas mínimas. La mayoría se cuela por todas partes, aparecen de repente, sin avisar; no llevan luces ni casco ni nada. Esto del verano les inspira pero no creo que les proteja. Y, por fin, los peatones, esos seres bípedos que cruzan por donde les viene en gana, considerándose con todo el derecho del mundo sólo porque han encontrado aparcamiento.