Diario de León
Publicado por
CARLOS FIDAFGO
León

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SE HA CONVERTIDO en una costumbre para los ponferradinos recibir la primera luna llena del verano en la calle, frente al Castillo de los Templarios o en la pradera del albergue de peregrinos. La Noche Templaria, esa celebración inventada para poner a Ponferrada en el mapa de las fiestas estivales tempranas, ha cumplido su primer lustro y ha conseguido que la gente la acepte y la disfrute de forma masiva, casi tanto como las viejas fiestas de La Encina. Por importa que haya quien diga que en el Castillo, aunque propiedad del Temple, nunca llegaran a habitar caballeros templarios. O que de aquella época apenas queden algunas piedras visibles. La ciudad ya forma parte de la mitología de la legendaria, y oscura, Orden de los caballeros-monjes. También hay quien dice que Santiago nunca fue el final del camino del apóstol y hoy su ruta es la senda cultural, y todavía espiritual, más importante de Europa, un nexo de unión que trasciende sus fronteras y trae cada verano por estas tierras a peregrinos de todo el mundo, movidos por una ilusión que se asienta sobre una historia que no puede tapar las dudas sobre su veracidad. Importa menos si Guido de Garda, el gran maestre del Temple, pisó alguna vez el suelo del patio del Pozo, donde se celebra la cena medieval con los comensales ataviados con trajes de época y espadas de pega. Y nada me parece más acertado que convertir lo que siempre fue una broma de tabernas, aquella que decía que tras los muros de la fortaleza templaria se escondía nada más y nada menos que el Arca de la Alianza, en el eje de un espectáculo que cada año mezcla los efectos de luz y sonido, el fuego, la danza y la palabra, para escenificar el traslado y custodias de las sagradas reliquias. Si añadimos a la representación la copa del Santo Grial, tan sublimada por las novelas artúricas, la fiesta no puede ser más completa. Ni más falaz. Pero eso, la verdad, es lo de menos. Lo que importa es el ajetreo que viven las calles de noche, colmadas de lunáticos. En La Mancha se han sacado de la manga la ruta turística del Quijote, como si el hidalgo hubiera sido real y no novelado. Y un poco más lejos, allá en Escocia, alguien corrió la voz de que había un monstruo en un lago, y hoy la región de las Highlands donde se encuentran las aguas de Loch Ness es uno de los reclamos turísticos más importantes del Reino Unido. Nadie ha visto nunca una criatura tal, pero hace veinticinco años, hasta hubo una empresa que para darse publicidad prometió pagar una desorbitada cantidad de libras esterlinas para quien capturara al monstruo prehistórico encerrado en el lago. La oferta fue tan en serio que contrató un seguro con la compañía Lloyd¿s para cubrir la posibilidad de que finalmente y al olor del dinero algún buscador espabilado encontrara algo parecido al legendario animal marino. La Noche Templaria es lo mismo, aunque a otra escala porque sólo lleva unos años. Que nadie se llame a engaños. Como en aquella película de Berlanga, Ponferrada ya tiene su milagro. Ahora hay que disfrutarlo. 1397124194

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