Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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EN MI no corta vida he visto proclamar y abolir muchas leyes, casi todas, salvo la de la gravedad. Hubo un tiempo en el se hablaba de la «ley de fugas», cuya aplicación se dirigía preferentemente a los que no querían huir. También estuvo largos años de moda la llamada «ley de vagos y maleantes», que englobaba dos cosas tan disímiles como la ociosidad y la delincuencia. Se aprovechó de manera inicua para encarcelar a homosexuales. La ley se define como norma constante e invariable, nacida de la causa primera. Vaya usted a saber cuál es la causa primera. Más adecuada parece su segunda acepción, que habla del precepto dictado por la máxima autoridad, aunque también habría que saber quién es esa autoridad máxima. Lo cierto es que se dictan muchas leyes y pierden vigencia otras tantas. La de mayor duración es la ley del embudo. Pienso en estas cosas porque el primer ministro de Irak, Ayad Alauí quiere promulgar la pena de muerte «por tiempo limitado», o sea, durante el plazo suficiente para acabar con todos los que considera enemigos suyos. Dicho en su lenguaje «hasta que haya elecciones y los iraquíes puedan decidir». No podrán hacerlo los que él haya matado durante el período de vigencia de los asesinatos legales. En otro momento de lucidez, el Gobierno iraquí aprobó ayer una ley que permite decretar el estado de emergencia en zonas conflictivas, que allí son todas. Se pretende combatir a los insurgentes, pero no habría resistencia sino hubiera habido invasión. La mentira resplandece. Ya nadie duda de que la excusa para la guerra era falsa de toda falsedad. El malvado sátrapa no tuvo nunca armas de destrucción masiva, pero quienes las tienen vieron una oportunidad inmejorable para usarlas. «Dame el caso y te daré la ley». La mascarada de las leyes convenientes a cada situación viene de lejos. Ya observó Tácito, que era un tipo muy poco locuaz, que cuando una nación está más corrompida es cuando más se multiplican las leyes. Sólo a los muertos se le exime de su cumplimiento.

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