Diario de León
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RAMÓN PI
León

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EL GOBIERNO Zetapé anunció al poco de tomar posesión que promulgaría una ley que permita la experimentación con embriones humanos. Para que se entienda, eso significa que la ley consentirá la matanza de individuos humanos en estado embrionario para que esos minúsculos cadáveres sirvan de material de laboratorio. Poco tiempo después de este anuncio (precedido de un escrito colectivo de solicitud al Gobierno de que dicte cuanto antes esta ley, firmado, pásmense, por la ex ministra de Sanidad del PP), se supo que en Valencia ya están en marcha dos líneas de investigación que trabajan con células de embriones humanos sacrificados con este fin. La noticia produjo su impacto, porque se trata de una actividad abiertamente ilegal. Pero la ministra de Sanidad acaba de declarar expresamente que no piensa detener esos experimentos. La ministra de Sanidad debe de considerar que, como piensa permitir la matanza, qué más da si el macabro festival empieza antes de la cuenta. La actitud de la señora Salgado, que creo que así se llama la ministra, es muy expresiva del respeto que en el Gobierno se profesa al imperio de la ley, base imprescindible para que se pueda hablar de Estado de Derecho: un respeto sencillamente nulo. Otrosí: el ministro de Defensa acaba de anunciar en el Congreso que los jefes y generales implicados en el episodio del accidente del

abandonarán las Fuerzas Armadas. Tal como lo dijo, daba toda la impresión de que las Fuerzas Armadas son una especie de finca, y que él es el dueño del cortijo, que hace y deshace a su antojo. Es de suponer que, por muy chulescas que sean estas baladronadas, al final lo que tendrá que ocurrir será lo que diga la ley, una vez agotados los recursos de que los sancionables puedan disponer. Pero cualquiera sabe. Estamos, a lo que se ve, en el reino de la arbitrariedad. Y es sabido, como me recordaba recientemente el insigne jurista Aurelio Menéndez, que lo contrario del Derecho no es la injusticia, sino la arbitrariedad.
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