Diario de León
Publicado por
PANCHO PURROY
León

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LOS NIÑOS, vestidos en el Corte Inglés, oreja pegada al móvil, manos repletas de chucherías y divos consentidos por sus papis, escasean y viven de puta madre. En caso de heridita, vulgar cagalera o tonto dolorcillo de cabeza, las urgencias de la Seguridad Social se llenan de enanos atorrantes y padres compungidos. Aprobar no resulta obligatorio, sino hazaña heroica recompensada con ordenador portátil, consola, películas de Harry Potter, viaje a Disneylandia o el capricho que el rapaz reclame. Por descontado que si el jefe de estudios apercibe a la familia de la conducta maleducada de algún niñato, el cuitado suele ser defendido ante la intransigencia y falta de cariño del docente, tontolaba al que se paga para que apruebe a la lumbrera. Recuerdo una infancia antidiluviana, llena de detalles primitivos a la vista del actual proteccionismo a criaturas mimadas. Nunca localizable, por vivir en la calle, la entrada en casa hecho un cerdo, polvoriento de jugar a la pelota, tirar piedras a la cuadrilla enemiga, jugar al escondite, buscar nidos y lagartijas, y caerte de la bici, tenía el destino fijo de la bañera y el botiquín de mercromina curador de mataduras. Todo dios tenía mote -Tocho, Bizco, Pepín, Calientapollas, Granudo, Gorilón, Tartaja, Chueco- y las frecuentes invasiones de piojos y lombrices se saldaban con vinagre caliente, Cruz Verde en el pelo y purgantes variados. Repetir curso, recibir tortas por vago y quedarte castigado varios días sin ir de zambullida al río o ver las bragas a las chavalas, no se consideraron ni crueldad familiar ni violencia doméstica. La frecuencia de dientes rotos, chirlos en el coco y postillas por la anatomía reflejan un mundo de pandilla, zurras y vida campestre, al margen del manto protector materno, enseñante de dureza y aguantar el tipo sin lloriqueos. Cromos, canicas, chapas y trompo no compiten con la tecnología punta del Señor de los Anillos y Nemo que gastan estos tiranuelos...

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