Diario de León

TRIBUNA

Sólo para cincuentones-sesentones

Publicado por
JESÚS MARÍA CANTALAPIEDRA MIEMBRO DE LA FEDERACIÓN DE PERIODISTAS Y ESCRITORES DE TURISMO
León

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SIN PERJUICIO de que en alguna noticia luctuosa pueda aparecer la penosa inserción: «Atropellado un anciano de sesenta años» (¿quién se atreve a expresar tal desatino?), cierto es q ue la sesentena actual no tiene nada que ver con la de hace treinta, cuarenta o cincuenta primaveras. La calidad de vida de quienes lograron alcanzar esa inquietante edad -propiciadora de meditaciones transcendentales, muy transcendentales-, es notablemente superior a la de nuestros abuelos. Éstos no practicaban la coquetería ni se adentraban en los sugerentes terrenos del glamour. Ahora, los «vejetes» de sesenta utilizan cremas reafirmantes, cremas antiarrugas y cremas hidratantes, aparte de ciertos fármacos con propiedades muy interesantes a la hora de la verdad horizontal, según se dice. Los caminos del eros son infinitos. Pero, malgré moi, sesentones y sesentonas han de defender su cruda circunstancia cronológica en solitario. En los aspectos laborales, si es que permanecen en el tajo, aun habiendo alcanzado madurez, profesionalidad y serenidad, son situados en lugares de limosna; al fondo a la izquierda según se mira. Mas, la mayoría de ellos y ellas, no llegan a seguir en funciones con la mencionada edad. Con cincuenta y dos gloriosos años, digo cincuenta y dos, son prejubilados por mor de estrategias empresariales de conocido origen; una de las barbaridades sociales del siglo XX-XXI. Y, ¿están preparados para asumir la precipitada holganza? ¿Disfrutan mirando las obras municipales si las hubiera o hubiese? ¿A qué dedican el tiempo libre los que, entregados a su trabajo desde la juventud, no tuvieron oportunidad de recrearse en aficiones ajenas a la mesa de despacho o a la máquina fresadora? Ellos, ellas, a base de interminables horas de esfuerzo, proporcionaron a la sociedad el estado de bienestar que, algún tiempo más tarde, heredaron los jóvenes. Ahora, aquella, les devuelve con desdén su dedicación apartándoles de la vida activa y despreciando sus muchos méritos. Hace pocas fechas Victoriano Crémer afirmaba: «La jubilación es un mal paso que da el ser humano cuando no tiene nada que hacer». Sólo cuenta la fecha de nacimiento situada al dorso del DNI. Se ha llegado a leer en la prensa: «Qué va a hacer ése si tiene más años que el fuego¿?». El vapuleado cuenta con sesenta años y, por fortuna, en plena actividad intelectual, amanuense o menestral. Qué más da. ¡Serán gilipuertas los ingratos escribidores! ¿No se dan cuenta de que, con suerte, con mucha suerte dado el caballaje de sus coches pintarrajeados y alerón fórmula uno, ya tienen reservados anticipadamente diez días de vacaciones en Levante para dentro de unos cuantos cortes de pelo? Habrá que escucharles decir entonces: «Fue fantástico, por las tardes teníamos baile y limonada a go-gó. Y no veas qué viudas más jamonas». Pero no. Al sesentón-cincuentón, se le desestima en un ejercicio necio y prepotente, extraño a la realidad cercanísima de quienes, parece ser, alcanzarán la inmortalidad. ¡Venga ya! Y, ¿qué hace la sociedad del siglo XXI para respetar a los sesentones-cincuentones, para a gradecerles su esfuerzo por haber conseguido un mundo más grato? Es evidente: mandarles a un hotel de Benidorm diez días al año por cuatro perras. Eso sí, con actividades vespertinas, sociales y lúdicas, incluida folclórica del año pum para amenizar la fiesta, y campeonatos de parchís o tangos porteños. Todo ello, si no han tenido que cuidar en su pueblo a los preciosos nietines, Vanesa y Jonatán-Borja. Mamá y papá están descansando en Matalascañas. Con los horarios de trabajo, pobres, están agotados. Sólo queda un consuelo. Cuando a los impresentables que comentan: «qué va a hacer ése si tiene más años que el fuego», les toque el turno levantino (seguirá mandando el DNI) ya no les ofrecerán concursos de tangos porteños. No. Será música bacalao. ¿Podrán con las lumbares? Puede que les sirva de cura de humildad tardía, aunque hay autores que no lo creen así. Sin embargo, todo sea por el turismo. Hoy es la segunda industria patria. Hay que conseguir un merecido primer puesto. Y lo lograremos si conseguimos llenar la costa de alemanes, ingleses y franceses con el júbilo o prejúbilo alcanzado, si es que en Europa existe esa figura perversa. Los lugareños no contabilizan.

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