Diario de León

DESDE LA CORTE

Política y moral de bragueta

Publicado por
FERNANDO ONEGA
León

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EL CURA de mi parroquia está hecho un lío. Creo que votó a los socialistas, porque iba a las manifestaciones contra la guerra y nunca retiró una pancarta que pusieron a la puerta de la iglesia. «Le van a excomulgar, don Feliciano», le dije aquel día que fui a misa. Y él se defendía: «hay cosas, como la guerra, que unen más al Papa con la izquierda que con todas las beatas de derechas que rezan por la paz». Pero anda inquieto. Ayer lo encontré santiguándose ante el quiosco de prensa como si topara con una publicación pornográfica. El quiosquero le decía: «No debe leer usted los periódicos, don Feliciano, que no están hechos para curas». Y es que el sacerdote acababa de leer que la Seguridad Social va a financiar las operaciones de cambio de sexo. Dobló el periódico, se ajustó el alzacuellos y se marchó calle abajo: «no sé a dónde vamos a llegar». No es sea un meapilas. Es que lleva 104 días de sobresaltos, contados uno a uno: «¿Es que no saben hacer otra política que política de bragueta?» Echó cuentas, y recordó los matrimonios de homosexuales; la vicepresidenta que invitó gays a la Moncloa; el líder gay Zerolo en la Ejecutiva del PSOE; la política penitenciaria: «sólo consiste en anunciar que regularán las relaciones sexuales de los presos jóvenes, incluida la homosexual». Y ahora, cuando la asistencia siquiátrica es tan deficiente, cuando no te financia una ortodoncia, hay dinero para el cambio de sexo. «Yo creo que tienen alguna obsesión», lamenta don Feliciano, arrepentido de su voto. Intenté explicarle que verse obligado a cambiar de sexo es la situación más traumática que puede pasar una persona, y es justo ayudarle; que tampoco hay tantos casos como para causar la quiebra del Estado; que es justo que las parejas homosexuales normalicen su relación, y no vivan condenados a una marginación sin derechos. Don Feliciano me dejó terminar. Después encendió un pitillo, y sin mirarme dejó su sentencia sobre la barra: «todo eso estaría muy bien, si viéramos en los ministros la misma preocupación por otras necesidades sociales. Pero parecen nombrados sólo para hacer política de sexo. ¿Y sabes lo que más cabrea? Que si digo estas cosas en la homilía, tú mismo me dirás que a los curas sólo nos preocupa la moral de bragueta. ¿Y sabes la verdad? Los de la moral de bragueta están en el gobierno». Yo sólo atiné a decirle: «Se deja usted el periódico, don Feliciano, y puede inducir a pecado». Pero tiene algo de razón: hay más anuncios de política relacionada con el sexo que de justicia social.

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