Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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EL OBISPO de San Sebastián ha vuelto a ofender a las víctimas del terrorismo vasco.  Cuando se quiere justificar lo injustificable se cae en ese virtuosismo de lo melifluo. Mejor sería hablar ya sin rodeos y sin máscara. Monseñor Uriarte pide  "suavizar el traumatismo" de los atentados terroristas. Vamos, que no se magnifique el sufrimiento de las víctimas porque termina siendo un obstáculo para el diálogo. Habla de reconcilación, pero los portavoces de las víctimas le han preguntado cómo pueden reconciliarse con quiénes no dan muestra alguna de arrepentimiento.  Ha pedido también que no se politicen los atentados terroristas para buscar beneficios electorales. Qué más quisieran los concejales socialistas y vascos, héroes y mártires a su pesar, que no ser objeto de politización alguna.  En fin, el siguiente paso será el de siempre: afirmar que la homilía se ha descontextualizado. Qué fracaso tan rotundo el de este obispo, salvo en su mezquino poder para ofender a quienes debía consolar con más dedicación y ternura.  El problema vasco es -de puro simplón- fácil de entender, pero más fácil aún es que te maten si tus convicciones al respecto no se adaptan a lo que allí se considera políticamente correcto... o siniestro.  Todos los discursos posibles son entendibles,  pero no aceptables. Sabemos qué busca ETA, lo que ignoramos es qué pretende Uriarte, aunque lo sospechamos. La fronterita elevada a la condición de paraíso terrenal. Pero el infierno nunca somos los otros. No hay parnaso posible sin prójimo.  Volverán a lo totémico,  terminarán adorando a la madre tierra, consultando oráculos,  adentrándose en una prehistoria inventada. Qué fracaso tan grande de amor el de Uriarte. Qué capitán tan mediocre para tan hermoso navío.

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