AQUÍ Y AHORA
La dignidad
NO ERA digno, justo ni saludable que lo de Fungairiño se quedase así. El fiscal jefe de la Audiencia Nacional se había comportado en la Comisión del 11-M de un modo que había escandalizado a la inmensa mayoría de los españoles, incluidos muchísimos votantes del PP. En realidad, lo que hizo fue reírse de la Comisión, de sus miembros y del Parlamento, tanto si sus afirmaciones fueron sarcásticas como si fueron engañosas. Las cosas que dijo del tema de la furgoneta de Alcalá de Henares eran increíbles de todo punto y sus comentarios sobre los periódicos y la TV creo que fueron ofensivos, aunque no está ahí el quid de la cuestión, sino en las posibles ofensas y/o mentiras al Parlamento. Entonces, me parece digno, justo y saludable que el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido haya atendido al fin la petición de los cuatro grupos minoritarios del Congreso de los Diputados y se disponga a estudiar los documentos que éstos le han enviado. Con el Parlamento no se juega y el asunto merece toda la atención. No se entiende muy bien por qué el partido del Gobierno ha dejado el asunto en manos de los minoritarios, pues se supone que el PSOE estará de acuerdo en la gravedad del comportamiento de Fungairiño. Porque no se trata de revanchismos de ninguna clase sino simplemente de restituir al Parlamento la dignidad y el respeto presuntamente dañados por esa conducta. En puridad, hasta el propio PP debería de estar interesado en esa restitución y en esa exigencia de responsabilidades al fiscal jefe de la Audiencia. Claro que el estilo del PP es bien conocido. Otra prueba de la marca de la casa es la exculpatoria reacción de Ana Pastor a esas informaciones realmente inauditas sobre los dos libros que Álvarez Cascos dejó encargados y sin pagar en el ministerio de Fomento, en los que no se cuenta la labor del mismo sino que son un autobombo ditirámbico y esperpéntico de la propia persona del ex ministro y de los múltiples y patéticos premios que fue recibiendo. Esto del PP, señores, es el cuento de nunca acabar.