Diario de León
Publicado por
JOSÉ CAVERO
León

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ESTÁ COMPROBADO que en cada ocasión en que Ruiz Gallardón accede a los medios informativos y hace proclamas de sus propósitos y ambiciones políticas, se produce un doble fenómeno: de un lado, quienes admiten que, por lo menos, alguien en el PP piensa y proyecta con visión de futuro. Pero otro grupo de pepero> salta de inmediato a la yugular del alcalde, a quien se recuerdan sus amistades peligrosas o su ambición política desmedida e incontrolada. Hasta el punto de que el propio Gallardón suele tomarse un tiempo entre cada una de sus comparecencias en medios informativos. Hace unos días explicaba la idea de un Partido Popular abierto, centro-progresista, que dé respuestas sobre los problemas de ahora mismo a los ciudadanos. Ahora insiste en su teoría, una vez que comprobó esas reacciones suscitadas en su dosis anterior: «Tenemos que abrir el partido incluso a quienes nunca pensaron en apoyarnos. Ningún ciudadano puede estar, a priori, excluido, de nuestra convocatoria». Los ciudadanos tienen que percibir que el nuestro es un partido de progreso, abierto a la sociedad>, dice ahora, perfectamente consciente de que volverá a suscitar rechazo por parte de quienes objetan que admite y se muestra partidario de legalizar las parejas de hecho y hasta los matrimonios entre homosexuales, la píldora del día después «y otras perversiones de nuestro tiempo». De manera que Gallardón observa que, a menudo, tiene su mayor resistencia entre las propias filas del Partido Popular, algo que suele suceder entre los renovadores y progresistas. Más peligroso pueda ser para el alcalde y candidato a incorporarse a la dirección del PP que el propio líder Rajoy llegue a observar en él a un adversario o un rival. De momento, frente a la pasividad de Rajoy, que no parece dispuesto a acometer reforma de ninguna especie, ni siquiera a hablar de planes y proyectos de futuro, Gallardón está tomando la iniciativa, a pocas semanas de distancia del congreso del PP. El propio alcalde está calentando el ambiente y creando expectación ante el discurso de apertura de ese mismo congreso, que le ha sido encomendado y del que es consciente que estarán pendientes los militantes del PP como los observadores políticos en general. Y no hay que excluir que también en ese discurso coseche, por igual, aplausos y pitos, por la sencilla razón de que Gallardón no suele pasar inadvertido o porque casi nadie es neutral ante sus planteamientos.

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