EL MIRADOR
Se agolpan los asuntos políticos
COMO SI HUBIERA ya una clara impaciencia por regresar al curso político y a sus materias, han comenzado a agolparse las asignaturas pendientes, que aparecen en cantidad y en variedad. El aperitivo lo trae consigo Manuel Fraga, candidato a sucederse a sí mismo, una vez más, y serán cinco. Mariano Rajoy ha llegado a la misma conclusión que los restantes responsables del PP gallego, que Fraga sigue siendo el valor más cotizado, de acuerdo con las encuestas de opinión. ¿Para qué probar con otro candidato de incierta suerte, en un año crucial para el primer partido de la oposición? De manera que papeleta resuelta. Ha bastado un almuerzo de Fraga con Rajoy para que el líder del PP, gallego, haya llegado a un pleno acuerdo con el fundador del PP, gallego, cediendo a todas sus propias resistencias y recelos. Está demostrado que funciona en las urnas. ¿Para qué la aventura de probar la renovación? Jordi Pujol, otro veterano de la política, se resiste también a desaparecer del todo. Y ahora resurge con una vieja preocupación, ya expresada anteriormente y demostrativa de sus viejísimas querencias. Ha dicho Pujol, ante la creciente presencia de inmigrantes en Cataluña, que «ojo con la mezcla de catalanes con inmigrantes». «Ojo al mestizaje, por cuanto sería el final de Cataluña». ¿No les suena a racismo puro y durísimo? ¿Nadie se lo reprochará? Se aproxima el tiempo de la reforma del Senado, y nos hacen ya un primer apunte de la futura Cámara Alta o Cámara Territorial, que pudiera venir a sustituir a la cámara tonta, inútil y de segunda lectura que ahora existe, y que sirve para colocar a dos centenares de bien pagados de ilustres conciudadanos sin mayor responsabilidad ni propósito. En ese futuro Senado, que sería «reconocimiento de la diversidad territorial de España», las comunidades autónomas llegarían a tener capacidad de veto de normas estatales en defensa de sus propios hechos diferenciales. Claro que será preciso determinar previamente qué tiene prioridad, los hechos diferenciales o la solidaridad interregional que deberá hacerse apreciable en la financiación autonómica. Todas, palabras mayores. Y, en fin, el también trascendente asunto de la inmigración y cómo aprovecharla y regularla con eficacia. Cómo resolver la situación del millón y pico de inmigrantes ilegales ya instalados, y en fase de integración en la sociedad española. Consuelo Rumí, desde el Gobierno, ha sugerido un procedimiento específico para resolver, de momento, el gran paquete de situaciones heredadas del anterior Gobierno, quien tenga contrato laboral tendrá papeles. Es decir, los empresarios que se vienen beneficiando de esos inmigrantes se corresponsabilizarán en que sean legalizados. Una exigencia que tendría dos efectos claros y benéficos, el trabajador pasaría a disfrutar de una situación perfectamente legal y terminarían eventuales explotaciones y comenzaría, también, a hacer las correspondientes aportaciones al Estado, al desaparecer su anterior condición de clandestino e ilegal. Nos espera un apasionante curso de trascendentes novedades, no hay duda.