EN BLANCO
Otras actitudes
TODOS SABEMOS cuál era el clima político en Euskadi durante los últimos años y todos sabemos de la práctica inexistencia de relaciones de aquel Gobierno autonómico con el Gobierno central. Aznar llevaba años sin recibir al lehendakari, confundiendo el desacuerdo político con la negación del diálogo institucional, algo incompatible con el funcionamiento del Estado democrático. A nadie debe extrañar la popularidad del presidente Zapatero en Euskadi y la buen relación personal de éste con Ibarretxe, a pesar de que las posiciones en torno al plan que lleva el nombre del lendakari son las que son. Zapatero nunca ocultó su oposición al plan Ibarretxe, del que siempre dijo que no tenía encaje en la Constitución. Pues muy bien. Las discrepancias ya se las han repetido cara a cara los dos personajes en la importante entrevista del palacio de la Moncloa. Durante la etapa de Aznar, no había nada que hacer. Ahora a lo mejor no se llega finalmente a ningún acuerdo, pero al menos se intentará y quién sabe si no habrá una aproximación que permita satisfacer mínimamente a las dos partes, con un nuevo Estatuto vasco que incremente el autogobierno y que tenga cabida en la Constitución. En el fondo, ese es el pensamiento de Zapatero y a veces da la impresión de que también lo es de Ibarretxe. Yo no voy a rechazar a estas alturas la posibilidad de que se imponga el realismo, el pragmatismo político y se llegue a una fórmula que sea aceptable para todos y que termine de una vez con esta gran monserga que dura demasiados años. Y no creo que el tema del terrorismo de ETA tenga que ser ningún obstáculo, pues no deben mezclarse cuestiones que no hay que mezclar. De momento, hemos salido de aquella angustia y de aquellos tabúes, y ya se puede hablar con naturalidad también del problema del contencioso vasco, que no es poco.