EN EL FILO
Fernández de la Vega, la gran baza
DEBO CONFESAR una cierta debilidad por María Teresa Fernández de la Vega: honesta, austera. Quien nada quiere es invencible, y este parece ser su caso. Asistí a la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros sólo para comprobar en qué plan regresa a este nuevo, dificilísimo, curso político. Venía elegante como siempre, bronceada como nunca, delgadísima as usual , implacable con el adversario, al que fulmina con una sola frase, como de pasada. Fernández de la Vega sale, sin romperse ni mancharse, de las peores encerronas. Ni una alusión a las famosas fotos de Vogue , que ella aceptó aunque, contra lo que se dice, no apadrinó. ¿Que resultan polémicas algunas decisiones del Consejo de este viernes? Tratadas por De la Vega parecen cuestiones de puro trámite, obligadas por la normativa europea. Pienso que De la Vega es uno de los activos más sólidos de Zapatero, junto con el otro vicepresidente, Pedro Solbes, que este viernes acompañaba a la número dos en su comparecencia en el remozado recinto monclovita tras la reunión del Consejo de Ministros. Solbes es como un panzer, implacable, pesado, sin fallo alguno, a la hora de desgranar la doctrina que corresponda; María Teresa es como la muy soportable levedad del ser. Todo lo hace grácil, y los problemas, bajo la seriedad de su mirada de maestra de alumnos díscolos, parecen menos problemas. Por eso, es la persona perfecta para ofrecer la rueda de prensa tras un Consejo denso como el de este viernes, la primera reunión de los ministros tras las vacaciones anodinas de verano. Con Fernández de la Vega, las polémicas sobre horarios comerciales, reducción de emisión de gases a base de limitar más aún la velocidad o imponer tasas de entrada de los automóviles a las ciudades, parecen cosa de risa, no decisiones de gran voltaje polémico. Tiene una gran baza Zapatero con Fernández de la Vega (y con Solbes). Los tres se complementa perfectamente: la sonrisa bonachona y descomprometida de ZP, esconda lo que esconda, encuentra eco en la mirada falsamente severa de la vicepresidenta. Ambos cierran el círculo con la contundencia de los datos y el aspecto pedagógico, de catedrático cansado de repetir cada año la misma lección a distintos alumnos, de Pedro Solbes. Así no hay quien profundice en lo que pasa: estamos todos demasiado encandilados con la puesta en escena. Y la oposición, pendiente de los nuevos paneles en la sala de prensa de La Moncloa, ya digo. Y el resto de los ministros, salvadas las excepciones que usted quiera, a por uvas.