LA VELETA
A perro flaco...
HACE años cuando un periodista preguntó a Giulio Andreotti si el poder no desgasta demasiado, el viejo político respondió que lo que de verdad produce desgaste es estar en la oposición. Algo de razón tenía Andreotti, y es que en cuanto un partido pierde el poder y pasa a la oposición le empieza a pasar de todo haciendo bueno el viejo refrán de «a perro flaco, todo son pulgas». Cuando el PSOE perdió las elecciones en 1996 se quedó sin rumbo. No encontraba un líder para guiarles por la inevitable travesía del desierto, comenzaron a aflorar las disputas entre los 'barones', y de repente la sacrosanta disciplina de que había hecho gala durante los últimos treinta años quedó hecha añicos. Ahora esa misma experiencia la está sufriendo el PP. Quién iba a decir que a Fraga se le iban a rebelar los suyos. Los populares de Orense amenazan con abandonar el partido, e intramuros del PP, se teme que los disidentes formen grupo parlamentario propio. La rebelión, dicen sus promotores, se debe a que la Xunta no se ocupa como ellos quisieran de Orense, y también tiene que ver con la reciente remodelación del gobierno autonómico y la incorporación de dos vicepresidentes. El caso es que hace unos años nadie se habría atrevido a enfrentarse a don Manuel, pero hoy Fraga es un hombre con más pasado que futuro por una cuestión de edad, y a pesar de que Rajoy haya dicho a los cuatro vientos que Fraga será de nuevo candidato a presidir la Xunta, lo cierto es que el PP necesita una renovación urgente. Pero la rebelión no es sólo contra Fraga. Sino que además es un torpedo en la línea de flotación de Mariano Rajoy. A menos de ocho días para que se celebre el congreso del PP, la crisis de los populares de Galicia, resta fuerza al liderazgo de Rajoy. No, el PP no está bien y no lo está porque ha perdido el poder y eso no lo tenía previsto, ni siquiera sus estrategas habían considerado esa posibilidad. Así que los populares andan desconcertados, sin encontrarse a sí mismos, sin terminar de encontrar su papel en la oposición, sin estar seguros siquiera de Rajoy es el hombre que les puede devolver a la Moncloa. Mariano Rajoy, claro, hace lo que puede, que ya es mucho, porque no es fácil dirigir un partido que ha tenido un líder como José María Aznar que no permitía que nadie rechistara. En realidad al PP no le pasa nada que no esté en el guión, es decir, tiene que afrontar tiempos de quebrantos, de disidencias, de dimes y diretes, de cuestionar papeles y liderazgos. Ahora, lo que es un síntoma sobre el propio peso de Fraga es que los suyos se le hayan rebelado. Eso antes no le pasaba.