Diario de León

CON VIENTO FRESCO

La ambición del poder

Publicado por
JOSÉ A. BALBOA
León

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LO DIJO el clásico, el poder corrompe. No lo voy a discutir, creo que en muchos casos es así, y los ejemplos son de sobra conocidos como para ponerlo en duda. Aceptando el apotegma, creo igualmente que el poder cuando se tiene une, incluso más que un buen cemento Portland; cuando se lucha por él divide, e incluso destruye a los que compiten desaforadamente, porque termina logrando que unos y otros sean desleales a sus principios y no cabalguen más que sobre sus ambiciones políticas. Ya sé que se esgrimen muchos argumentos, el más socorrido el de la democracia interna; es decir, las luchas por el poder no son más que una expresión de democracia, pues todos los militantes de un partido político, están legitimados para llegar hasta la cumbre; lo de capacitados es ya otro cantar, pero nada hay más difícil que desengañar a alguno de su capacidad, como ya dijera Gracián. Que el poder une es un hecho que vemos en la historia con mucha frecuencia. Lo confirma el PSOE, que sólo hace unos meses parecía una jaula de grillos mal avenidos. Ahora, aunque todavía hay discursos diferentes en importantes materias, todos forman una piña en torno a Zapatero, algo que sin duda es positivo; pues los partidos divididos ni pueden gobernar sin sobresaltos, ni tienen atractivo para los electores. Un ejemplo cercano de que el poder liga intereses, lo tenemos en lo ocurrido la última semana en Villafranca, donde los cuatro concejales del PSOE han vuelto al redil del alcalde, después de ruidosas declaraciones en contra del regidor por su manera personalista de gobernar. Fue suficiente que Vicente Cela no se achantase ni tirara la toalla, como deseaba alguno de sus correligionarios que quiere mandar más que el propio alcalde sin presentarse a las elecciones, para que concejales y dirección del PSOE vieran en peligro su poder, que podía pasar al PP, simplemente con que Cela formase un grupo mixto. Cuando se pierde el poder todo son recriminaciones y luchas por hacerse con los restos del barco. «Todos los finales son desvíos y todos los cargos acaban en cargos, de la justicia o de la murmuración», dijo también Gracián, aquel jesuita del siglo XVII que tanto sabía de las debilidades humanas. Lo vemos en el caso de Aznar perseguido por sus adversarios y ninguneado por muchos de los que antes favoreció. Ana Botella, ante las luchas cainitas por el control de la organización madrileña, dice no reconocer a su partido en los modos que se están empleando. Ruiz Gallardón, a menos de una semana de la elección de Rajoy como presidente, mueve sus peones para hacerse con la dirección del PP en Madrid contra Esperanza Aguirre, buscando con ello condicionar la política nacional del partido. No porque tenga un proyecto distinto de partido o de programa político, sino porque en ese río revuelto de intereses enfrentados su ego es más fuerte que toda la organización. La unidad ha sido el principal valor del PP de Aznar pero algunos, no solo Gallardón, parece que se sienten mejor en una España de taifas. El Bierzo siempre ha sido un poco tierra de taifas; todos los partidos, en algún momento, han sido reticentes con las direcciones provinciales o regionales. Lo fue antes el PSOE y lo es ahora el PP. Escuredo y López Placer andan a la greña con León y Valladolid, por sentirse desplazados y superados por otros compañeros en lo del poder, que no los cargos de Fátima. El PP berciano está cayendo en unas luchas tan barriobajeras, entre unos y otros, que juntos solo muestran que lo verdaderamente importante no son los programas ni los electores sino las ambiciones políticas, frustradas en algún caso. Algunos no soportan que los hayan desplazado y prefieren morir matando, es decir destruir la organización que antes contribuyeron a engrandecer. Dejar paso a otros es ley de vida pero les suena a monserga. Les recuerdo lo que también dijera Gracián: «Es frecuente que los afortunados tengan entradas muy felices y salidas muy trágicas. El mismo aplauso de los principios hace más ruidoso el murmullo de los finales».

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