NUBES Y CLAROS
Malhablados
LO DICEN los responsables del Instituto Cervantes, los españoles estamos entre los que peor hablamos el castellano. El argumento es que, frente a los países hispanoamericanos, no sentimos la presión de otras lenguas extranjeras, por lo que no ponemos esmero alguno en cuidar el palabrario propio. Así, asumimos sin recato muchas palabras de otros idiomas. Parece evidente que es así: teniendo vocablos propios, adoptamos los ajenos porque quedan más chic. Pero habría que añadir aquí que también la Real Academia de la Lengua, por poner un ejemplo, se encarga de colocar la guinda al pastel de despropósitos, y en un rizar el rizo castellaniza los términos extranjeros de uso común para los que el idioma patrio ya tiene palabra que utilizar. Así nacen los güisquis, gais, cedés y otros palabros que suenan mal y sientan peor a la vista. Ayer mismo oía en una tertulia radiofónica opiniones variopintas sobre la utilización de gai en lugar de pronunciar en inglés «gay», simplemente decir homosexual o hacer uso de vocablos de uso más coloquial para describir el concepto. Boris Izaguirre, que no es sospechoso en este caso, definía así la castellanización del término inglés: «Decir gai es una mariconada». Opiniones, las hay para todos los gustos. Ya lo dice el amigo Jesús, especialmente cuando alumbrado por algún chupito zanja discusiones de madrugada echando mano de su retahíla filosófica: «Como dijo Clint Eastwood, las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene uno». Pues eso.