Diario de León
Fernando Jáuregui

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DICEN que escribir sobre aniversarios denota una notable falta de imaginación. Excepto cuando el aniversario mismo resulta altamente significativo. Casi nadie parece haberse parado a valorarlo pero hoy, 15 de octubre, si mis cálculos no yerran, se cumplen los primeros seis meses de trayecto del Gobierno de Rodríguez Zapatero. Junto con un reducido grupo de periodistas, tuve ocasión de charlar con Zapatero durante un buen rato en la recepción del 12 de octubre. Hacía algún tiempo que no había tenido la oportunidad de hablar con él. Me pareció muy seguro de sí mismo, en absoluto preocupado por amenazas exteriores o interiores, muy puesto en presidente: poco antes de llegar al poder, apenas sabía qué hacer con las manos cuando hablaba ante gente. Ahora, la seguridad de sus gestos muestra que su actitud ha cambiado: ya no es el Zapatero dubitativo de antaño, sino el jefe de Gobierno que ha llegado hasta donde está por méritos propios, el hombre querido por la ciudadanía. No hay asomo de autocrítica, ni petición de consejo cómplice al interlocutor: inevitablemente, el poder parece que lo está cambiando algo. ¿Podría acaso ser de otra manera? Seis meses después, los periodistas que tomamos la temperatura constantemente a las cosas del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, constatamos con rara unanimidad, me parece, que el Gobierno de ZP está encantado de haberse conocido. Aparentemente, al menos. Porque hay procesiones que van por dentro y que no caminan todas en la misma dirección: suspicacias entre el equipo económico y algunos ministerios, entre la vicepresidenta y Justicia, entre los fontaneros de La Moncloa entre sí y con respecto al grupo parlamentario y/o el partido... Cosas, hasta aquí, bastante normales en las relaciones de poder. Incluso la inseguridad mostrada a la hora de anunciar cuestiones que luego habían forzosamente de desmentirse. Lo importante es la voluntad que el gobernante muestra de hacer efectivas sus promesas, y en esto no cabe ponerle más reparo a Zapatero que las pegas que suscitan lo excesivo. ZP llegó al poder hablando de retirada de tropas, de laicismo, de nuevo orden internacional. Prometió retirar la Ley de Calidad de la Enseñanza y el Plan Hidrológico, y los retiró, además de a los tertulianos de la radio y la televisión públicas. Puede que haya, como mucha gente piensa, algo de «naif» en todo esto. Pero lo cierto es que ZP sigue teniendo un importante capital político, que de ninguna manera debemos ayudar a que se dilapide. Por eso es tan necesaria, en estos momentos, medio año ya, la crítica y el alejamiento del peloteo que perdió a otros.

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