Publicado por
JULIA NAVARRO
León

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POR FIN el embajador de Estados Unidos en España, George Argyros ha confesado el porqué de su ausencia en la Fiesta del 12 de octubre. El embajador ha dicho que no acudió porque el año pasado en el desfile, cuando Zapatero aún era líder de la oposición, no se levantó cuando pasó la bandera norteamericana. O sea que el señor embajador decidió que a un desplante hay que responder con otro desplante, haciendo caso omiso de los usos y costumbres de la diplomacia. Y es que el embajador de Estados Unidos con su ausencia no hizo un desplante a Zapatero, se lo hizo a nuestro país, a todos los ciudadanos, incluido el Rey que es el Jefe del Estado y es quien ostenta la máxima representación de España. De manera que no es equiparable la actitud de un líder de la oposición, que entonces es lo que era Zapatero, con la de un embajador acreditado ante el Reino de España. Se podrá decir que aquel gesto de Zapatero fue de mala educación, una descortesía contra la bandera de un pueblo que además de Bush lo forman millones de personas que también han estado y están contra la guerra de Iraq, y que no merecian aquel desplante de Zapatero. Pero aquel gesto no justifica el del embajador porque la diplomacia tiene sus propias reglas, y su cometido es limar problemas entre países, no agravarlos. En cualquier caso el Gobierno español, es decir Zapatero, ha pedido al Rey que ayude a recuperar el diálogo con las autoriades norteamericanas. De ahí la invitación a cenar del Rey al embajador y a su esposa. Eso si, el embajador norteamericano debería de entender que este es un viejo y orgulloso país que no soporta verse relegado a un papel subordinado, y mucho menos para apoyar una guerra ilegal e injusta como ha sido la guerra contra Iraq. Una cosa es ser amigos y aliados de Estados Unidos y otra es ser sus chicos de los recados, o los avaladores de cualquier desatino que se les ocurra. Un día de estos Bush, Blair, Aznar y demás participantes e impulsores de la guerra contra Iraq deberían de responder por su responsabilidad ante la tragedia que han provocado en Iraq. Primero intentaron engañar a la opinión pública asegurando que Sadam tenía armas de destrucción masiva, y ahora reconocen con todo descaro que efectivamente no las tenía, y no sólo eso, sino además que Al Qaida no tenía nada que ver con Sadam. Zapatero representa el sentir mayoritario de los españoles respecto a la guerra de Irak, y lo ha dicho claro y alto: no va a pedir perdón ni a retractarse por sus decisiones respecto a Irak.

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