Diario de León

DESDE LA CORTE

Cuidado con el revisionismo

Publicado por
FERNANDO ONEGA
León

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EL 15 de octubre de 1.940, año y medio después de terminada la guerra civil, es decir, en la etapa más dura del franquismo, fue fusilado Lluis Companys, que había sido presidente de la Generalitat de Cataluña. Fue víctima de uno de aquellos consejos de guerra que se celebraban con la escasez de garantías jurídicas que corresponde a una dictadura. Fue, por tanto, el símbolo de una injusticia cuya memoria perdura en el tiempo. El recuerdo de ese hombre y de su triste final ante el paredón ha sido una de las bases casi mitológicas del nacionalismo catalán durante el último medio siglo. A pesar de esa importancia simbólica e histórica, el aniversario de esa muerte se celebró hasta ahora en la intimidad y sin relevancia política. La llegada al gobierno catalán de Esquerra Republicana ha supuesto un cambio de actitud. Companys significa para ellos la referencia más dramática de la historia nacionalista. Es el mártir que atestigua hasta qué punto un gobierno español dictatorial ha segado incluso la vida de un dirigente que representaba la voluntad popular catalana. Hace sólo dos días, el portavoz de Esquerra en el Congreso, Joan Tardá, llegaba a exigir que «el Estado pida perdón por el fusilamiento». No parece prudente esta exigencia, ni parece probable que se complazca. Lo que hizo el Gobierno fue algo más a su alcance: ofrecer el gesto de revisar aquel Consejo de Guerra y enviar a Fernández de la Vega a los actos de homenaje. Ignoro si a Esquerra le parece suficiente, porque el mismo Joan Tardá habló de «pasteleo», pero indica una actitud muy complaciente. Como gesto para la concordia, es positivo. Queda la duda de si haría lo mismo si el presidente catalán no se llamase Maragall, pero indica voluntad de reparar una injusticia histórica, aunque la ejecutoria de Companys ofrezca tantos puntos oscuros. ¿Objeciones? Básicamente, una: cuidado con estos afanes de revisión. Mucho cuidado. Si se revisa el consejo de guerra que llevó a Companys al paredón, ¿por qué no hacer lo mismo con todos los demás? ¿Cuántas familias españolas tienen la memoria de alguien que no fue tratado con justicia, sino asesinado? Si este país se mete en una fiebre de revisionismo histórico, si empieza a desempolvar los legajos más penosos de sus juzgados civiles y militares, a lo peor empieza a desenterrar también algunos odios que creíamos superados. La transición fue un éxito, porque existió un pacto para no mirar atrás ni pedir responsabilidades por el pasado. Ese pacto todavía se debe mantener. La voluntad de buscar la concordia, como se vio en el desfile del pasado día 12, puede activar los peores fantasmas. Y en esta materia hay algo muy importante en juego: nada menos que la paz civil.

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