DESDE LA CORTE
¡Toma gratitud histórica!
AHÍ TENÉIS de nuevo, caliente-caliente, el problema vasco. Con un agitador que se llama Ibarretxe. Con un enemigo elegido para aglutinar a la sociedad, que es el Estado. Con una colección de agravios históricos para justificarse ante el futuro. Y con fuegos de artificio que culminan en la amenaza de referéndum, porque no es un anuncio ni un aviso; es una amenaza: «Nadie lo va a impedir», dijo el lendakari, como galanura a Zapatero por su detalle de despenalizar la convocatoria de esa consulta. Ocurrió con motivo del 25 aniversario del Estatuto de Guernica. Y obsérvese el detalle: mientras todo el mundo lo celebraba, el gobierno vasco quiso fijarse en la fecha genérica del 25 de octubre, porque fue también el día (pero de 1.839, hace casi dos siglos) en que fueron abolidos los Fueros. ¿Cuál es la intención? Bajo apariencia de objetividad, se pretende hacer del día 25 una jornada reivindicativa porque simboliza avances, pero también la negación de los derechos históricos del pueblo vasco. Gran habilidad del discurso nacionalista. Construida esa base de despegue, el gobierno vasco ha querido dar por cerrado el periodo de utilidad del Estatuto. «Hasta aquí hemos llegado», viene a decir su declaración institucional c uando lo califica como «actualización convenida en este momento histórico determinado (1.978-2.004)». Tiene fecha de origen y fecha de caducidad, que es este mismo año. Ya podemos decir que el Estatuto le dio al pueblo vasco el mayor autogobierno de la historia y de Europa, que el lendakari marca distancias. Ese Estado, que fue tan generoso en la renuncia -e incluso en el abandono físico de Euskadi-, desempeñó, para don Juan José, «un papel de agente negativo», a veces «una burla de la legalidad» o un «desprecio continuado a las reglas de juego». ¡Toma gratitud histórica! Aprended, ciudadanos del futuro, cómo se puede falsificar y hasta tergiversar el periodo de mayores concesiones autonómicas que han visto los siglos. Si el Estado español es así de perverso, ¿qué será el francés? Para un nacionalista que sueñe con incorporar Iparralde, debe ser la encarnación de Belcebú. Menos mal que en el futuro habrá mucha más concordia. Cuando el nuevo Estatuto triunfe, aupado por el pueblo vasco en decisión directa, sin imposición de España, Euskadi recuperará sus derechos. ¿Y cómo? Con el Plan Ibarretxe, que es (copio textualmente) «una propuesta centrada de convivencia entre proyectos y partidos políticos distintos, que representa el primer y mayor acuerdo posible alcanzado por ahora en Euskadi». ¿Quiénes serán esos «partidos distintos»? ¿Dónde estará ese acuerdo? Os juro que no he bebido: lo dice así la declaración institucional de ayer.