SOMOS LEGIÓN
Es bueno, claro
LA CONFERENCIA de Presidentes que hoy se celebra ha levantado la lógica expectación. Al menos entre quienes todavía creen que el encuentro y el diálogo tienen más futuro que el exabrupto y la descalificación. El periplo político de Aznar fue todo un muestrario de desencuentros y atrincheramientos que cegaban todos los caminos. Por eso cobra hoy especial importancia algo que parece elemental y que debería haber entrado, desde hace tiempo, en el terreno de la normalidad: reunirse, hablar... y hacerse la foto. Basta echar la vista atrás para apercibirse de que no se trata de una foto más de familia sino de un intento de restañar heridas y de abrir puertas. Hay sólo dos opciones: o dar estos pasos, o seguir navegando en un mar de tensiones con el riesgo de que el sutil invento se nos vaya definitivamente al garete. No se puede caer, en todo caso, en la ingenuidad de creer que de este cónclave vayan a salir logros extraordinarios pero ya sería relevante que se inicie una senda de relaciones más estables, cordiales y sensatas. Porque la situación no es, desde luego, la mejor de las posibles. Son legión los ciudadanos que consideran injustificable el despilfarro de energías que se está produciendo cuando hay problema tan importantes por resolver. Produce hastío el espectáculo de políticos aboinados, presos en su enano universo de clientelismos. Hay más preocupación por buscar enemigos inexistentes o por hacer patria menuda con el hockey que por atender las causas que nos hacen, a todos, más fuertes y solidarios. Por eso es bueno, imprescindible, que se hable y que haya grandeza de miras. ¿Alguien recuerda lo que es eso?