EN BLANCO
Relicarios
RAZÓN tenía la cantante María Dolores Pradera cuando rogaba a su amante en fuga, entre lánguidos gorgoritos musicales, que le devolviera el rosario de su madre, aunque podía quedarse con los donuts y todo lo demás. Sugerencia tomada al vuelo por el metrofutbolista David Beckham, ese muchachito inglés ungido por el Dios del balón redondo, que ha sumado a su mapa personal de tatuajes y abalorios un santo rosario impregnado de esencias católicas, pero utilizado en su caso a modo de brazalete. La iniciativa estética de Beckham, también conocido por el apodo de Tatuaje Ferrari, ha provocado que una oleada de hinchas y desposeídos de la fortuna haya tomado al asalto las tiendas de bisutería religiosa, en busca y captura del símbolo católico devenido en vulgar mundanería. En un primer momento la Santa Madre Iglesia puso el grito en el cielo, e incluso los obispos de Inglaterra y de Gales editaron una especie de manual de instrucciones donde se explica el verdadero significado de semejante relicario. Pero una vez pasado el sofoco, y en elegante gesto bíblico de perdón, han decidido que al fin y al cabo sólo se trata de una travesura y, consecuentemente, hay que hacer caja y meter la cuchara en pastel tan apetitoso. Y más en estos tiempos significados por las amenazas del archibellaco Zapatero, cuando amaga con retirar la propina que todos los contribuyentes españoles, creamos en el Real Madrid, el Atleti o el Barcelona, concedemos graciosamente a nuestros sacerdotes patrios. ¡Ay, Señor! ¡Qué dirían los sanjuanes y santateresas del misticismo hispano!