Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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LA ASOCIACIÓN de Estudios sobre la Represión en León acaba de presentar su proyecto. Les deseo lo mejor en su viaje iniciático: recordar a los olvidados de nuestra guerra. Una sociedad sin capacidad de olvido se destruiría a sí misma, enferma de tristeza e ira, pero no más que aquella que sólo cree en el presente inmediato. Recuperar sí, pero no sólo como acto de justicia tardía, sino para ser mejores. Las deudas del pasado sólo se saldan -suponiendo que esto fuese realmente posible- cuando van acompañadas de un mensaje esperanzador, no sólo de una condena, por justa que esta sea. Quizá, en España nos ha faltado ese gran discurso ético y espiritual sobre nuestra guerra civil, que trascienda lo más concreto. Por ejemplo, carecemos de textos similares a las desgarradas reflexiones del piloto  que participó en el bombardeo de Hiroshima. El rigor a la hora de abordar todo lo relacionado con nuestra guerra civil es compatible con la piedad, que no debe ser confundida con la exculpación. Según Todorov, quien advierte tanto de los riesgos de sacralizar el pasado como de banalizarlo, el gran reto es qué se recuerda. Porque la Historia no son sólo fechas, es la condición humana negándose a sí misma y luego renanciendo de su propio horror.  Toda tragedia nos compromete: nuestra guerra y cada guerra. ¿Quién recuerda hoy las matanzas de Ruanda?  Recordar para mantener encendida la antorcha de la esperanza. Y para no olvidarnos tampoco de que  hoy, en el País vasco, la noche también repta sobre inocentes.

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