AQUÍ Y AHORA
Una larga agonía
A LA MANO tendida por la cúpula etarra parecía que podría acudir la mano de Batasuna, y que se podría dibujar un happy end a una aventura siniestra, dolorosa, que no ha hecho otra cosa que crispar la vida del País Vasco, mermar su economía y repartir lágrimas, tanto en caseríos como en modestas casas manchegas. La historia del movimiento terrorista y batasuno ha sido la historia de la erradicación de la inteligencia. Basta contemplar el ramillete de nombres brillantes, que se separaron a tiempo, para entender que dentro no cabían, precisamente porque se les notaba desde lejos su capacidad mental. En este punto y seguido hay que reconocer dos cosas: una, que tenía razón Aznar, cuando abogó por los resultados positivos de la presión policial; y, dos, que el final está muy lejos, y que asistiremos a una larga agonía con retazos crueles y atormentadores. Siempre habrá quien considere mucho más emocionante ser guerrero asesino que ponerse a trabajar como dependiente de un establecimiento comercial, o como representante de una fábrica de tornillos. Nunca dejará de existir el que se aferre a su puesto de trabajo y tenga pereza a iniciarse en cometidos de los que desconoce hasta sus propias aptitudes. Tendremos ETA durante mucho tiempo, como todavía nos sale un Grapo. Los políticos le han quitado la razón a los militares, y desean seguir con las peticiones de ayuda para ir a ver a sus hijos a las cárceles de Ocaña, y con la mística de la liberación para seguir llamando gudaris a sus verdugos encarcelados. Es decir, prolongar la agonía y el sufrimiento hasta la derrota lejana y final.