EN BLANCO
El dúo Sacapuntas
EN ALGUNA ocasión ya hemos comentado la patología de largo alcance que afecta a los recién salidos de la Moncloa, al parecer incapaces de aceptar que así es la vida: de repente te conviertes en pasado. Es el caso de Felipe González, que además de jardinero por vocación y diseñador de joyos como nueva profesión, ha evidenciado su descontento crónico con las decisiones judiciales y, saltándose todos los protocolos conocidos, pide directamente al presidente Zapatero el indulto para su antiguo subordinado Rafael Vera, condenado una y otra vez por guardar en talego propio los dineros públicos destinados a garantizar la seguridad del Estado. Un disparate tamaño pirueta del autotitulado «jardinerito de la Moncloa», sumido en un vértigo mental de difícil diagnóstico. No se queda atrás José María Aznar, siempre más bestia que bello, un fabulador de magnitudes cósmicas que va arrasando con su iluminada verborrea por los centros internacionales de los amigos del rifle y la santab Biblia. Sus alas de ángel exterminador acaban de planear sobre Jerusalén, donde fue recibido por la carcundia judía como «faro que nos orienta en medio de las tinieblas». Calificativo que supuso un perfecto preámbulo para la sarta de disparates aznarianos, entre los que se incluyeron perlas como la «guerra total» junto a sandeces del calibre a «el terrorismo nunca es el camino». Un diagnóstico que parece pensado por la señorita Pepis en pleno delirio anfetamínico. ¿Sería mucho pedir que ambos, el dúo Sacapuntas de la política española, cierren el pico y nos dejen tranquilos durante una larga temporada?