LA VELETA
El imperio marginal
DURANTE estos años la vida política española ha estado polarizada por el terrorismo etarra y, de un modo más general, por los nacionalismos vasco y catalán. En mucha menor medida, por el gallego. Todas las demás cuestiones, por muy importantes que fueran para las vidas de los ciudadanos, pasaban a segundo plano. No obstante la sociedad ha ido soportando esta situación políticamente asfixiante y castradora porque, en definitiva, estaban en juego la vida, la seguridad, la libertad de miles de personas y el futuro mismo de la Nación. Ahora estamos viviendo ese clima obsesionante pero en una fase de mayor degradación, si cabe. Por supuesto sigue el terror en todas sus formas así como los peligros de ruptura del Estado pero, además, la emergencia de formaciones políticas minoritarias, no obstante decisivas para la gobernación, está rebajando los litigios de los nacionalistas a niveles muy elementales y planteándolos en términos de chantaje. Se han convertido en protagonistas de la escena política Esquerra Republicana de Cataluña, Izquierda Unida en sus versiones locales, incluso la Chunta de Aragón. El ejemplo más claro de esta degradación es la polémica sobre el catalán y el valenciano a partir de la presentación en Bruselas de la traducciones de la Constitución europea en las lenguas cooficiales. ERC le exige al Gobierno español que reconozca como una sola lengua a la vernácula que se habla en Cataluña, en la Comunidad Valenciana y en las Islas. Y digo exige porque Carod Rovira ha amenazado que, de lo contrario, ERC votará en contra de los Presupuestos Generales del Estado. Como se ve, la estabilidad de la sociedad española se está haciendo depender de una querella cultural que enfrenta a nacionalistas entre sí, y a estos con regionalistas. En un momento dado, Pasqual Maragall llegó a amenazar con una querella al presidente de Gobierno, su propio jefe político, por otra parte. Este es el manierismo político al que estamos llegando. Y, por supuesto, Zapatero acepta entrar en esa dinámica degradante al asumir la condición de árbitro del pleito lingüístico. Si en Cataluña es ERC quien determina al final el proceso político, en el País Vasco es Batasuna. En efecto el PNV depende de los votos de esta organización para ganar las elecciones autonómicas. A ser posible con mayoría absoluta. En este deterioro creciente se ha llegado a plantear la enseñanza del bereber en Ceuta y Melilla y, por fin el desguace del archivo de la guerra civil de Salamanca. Esto es, realmente, el imperio de los marginales.