TRIBUNA
La UPL y el PP no hablan el mismo idioma ¿O sí?
CON LA RECIENTE aparición del libro Castilla y León: el proceso autonómico , escrito por Mariano González Clavero y editado por la Fundación Villalar, muchos leoneses se han visto desagradablemente sorprendidos. El que esto subscribe ya publicó en esta misma sección de Tribuna dos artículos: uno, el 1 de diciembre de 2003 con el título La destrucción de la identidad leonesa y el otro, el 14 del mismo mes y año, con el título Algo huele mal En ambos artículos denunciaba la ocultación total de la existencia del Reino de León en los libros de texto de historia, que estudian nuestros jóvenes. El contenido del libro en dos tomos editado por la Fundación Villalar no es más que un paso adelante en la planificación perfectamente organizada para la destrucción de todo vestigio de la identidad leonesa. La Fundación Villalar es un instrumento creado por el gobierno autonómico para la consecución de un fin: crear una nueva identidad en torno a Valladolid, ignorando todo aquello que sea o suene a leonés. Esto es algo que jamás había ocurrido en la historia de la Humanidad. Las grandes potencias colonizadoras: Grecia, Roma, la propia España, Gran Bretaña, etcétera, intentaron aprovecharse de los mejores recursos humanos y económicos de sus colonias, pero jamás nadie intentó destruir la identidad de los pueblos colonizados. Ni siquiera las mayores bestias humanas como Hitler o Stalin intentaron algo así Los hombres que dirigen la autonomía y la Fundación Villalar son los mismos con los mismos principios y los mismos fines: la destrucción del alma leonesa. Se alimentan del odio a todo lo leonés, ignorándole, despreciándole hasta su total desaparición Estas personas son las que quieren un pacto en el Ayuntamiento de León, el más importante de la provincia, con la Unión del Pueblo leonés. El idioma que hablan es más o menos el siguiente: León no existió ni como Reino ni como Región, ni, por supuesto como pueblo con identidad propia. León no es más que un filón muy apetitoso con formidables recursos económicos renovables como agua y electricidad y, al mismo tiempo, una encrucijada de carreteras para que gallegos y asturianos puedan comunicarse con el resto de España, no sin antes aligerar la cartera de todos aquellos que pasen por sus caminos, obligándoles a pagar altos peajes. El idioma de la Unión del Pueblo Leonés viene marcado con gran nitidez en sus estatutos. El artículo 3 dice: «La UPL asume el compromiso de defender... la identidad leonesa. Orientará su actividad política a la difusión... de los principios que constituyen la razón del ser leonés. Establecerá relaciones de colaboración... con cuantas entidades públicas... defiendan los intereses del pueblo leonés. Mayor contradicción no se puede dar, claro como el agua. Sin duda, los dirigentes autonómicos y de la Fundación Villalar tienen la legitimidad y el derecho de intentar recuperar el poder en el Ayuntamiento de León. Claro que esa misma legitimidad y derecho tiene el partido Socialista de conservarlo. Pero la Unión del Pueblo leonés tiene la obligación de ser fiel a los principios marcados en sus estatutos. El cumplimiento de esa obligación es el único camino viable de supervivencia del propio partido. Cualquier otro camino no le llevará a ninguna parte más que a una segura autodestrucción No se puede pactar con quien se alimenta del odio a nuestras raíces como pueblo, con quien oculta nuestra Historia, con quien no respeta nuestra identidad, con quien nos ha robado nuestros derechos autonómicos que la Constitución nos otorga. No se puede pactar con políticos que no saben de donde vienen ni a donde van Sería deseable que la propia sociedad leonesa se opusiera con todas sus fuerzas para evitar que los que crearon la Fundación Villalar consigan sus metas. La sociedad leonesa debe exigir para esta tierra los mismos derechos que tienen el resto de los españoles. La identidad es uno de esos derechos que, pese a la Fundación tenemos desde la Alta Edad media. Otro derecho es la Autonomía, que, pese a la Fundación, nos otorga la Constitución. La Unión del Pueblo Leonés es, dentro de la sociedad leonesa, o debiera ser,una de las mayores fuerzas, por lo que sus obligaciones de conseguir esos derechos son también máximos. Se debiera evitar la existencia de políticos que su principal, a veces la única prioridad, es el interés personal. Hay políticos que se creen los dueños de las vidas de los ciudadanos, de sus haciendas, los amos del territorio. En tiempo de elecciones, utilizando una falsa democracia, llenan de ilusión a los votantes con sus generosas promesas con la única intención de lograr sus votos. En tiempo de dificultades hacen como los malos toreros, esconderse en el burladero. Cuando pasa el peligro, se lavan las manos como Pilato. León necesita políticos honestos, que, ante las dificultades, den la cara, se enfrenten al toro, que defiendan prioritariamente los intereses de los ciudadanos. El buen político debe salir a la calle, acercarse a la sociedad, escucharla, conocer sus problemas y buscar soluciones. Así creará una corriente de confianza, algo que desgraciadamente escasea y los políticos lo saben. No sé si toda la culpa es de estos, tal vez la propia sociedad leonesa tenga una parte de esa culpa por no pedir o no saber pedir y exigir sus derechos.