LA VELETA
Sigue siendo inmoral
LOS AFICIONADOS a la guerra han reencontrado la calma en toda Europa tras el plebiscito americano. Ahora reclaman con bobo recochineo habrá que recomponer la relación con Bush, a quien tanto se ha faltado al respeto. Que aun les crezcan alas mientras los pobres de siempre sufren en Faluya, prueba una vez más la admirable capacidad gimnástica de su conciencia. Aunque no sirva de mucho, las mayorías europeas y españolas que se opusieron a Bush y Cia deben recordarles lo obvio: que en el siglo XXI se considera que matar a mansalva al prójimo es inaceptable, lo haga Bush, lo haga Bin Laden o lo hagan los grupúsculos terroristas de andar por casa. Las palabras escamotean los fenómenos y sabido es que quien mata a una persona, es un asesino pero que quien mata a muchas, es un héroe (quien acaba con todas obviamente es Dios). En los últimos tiempos, junto a esos tres tipos de verdugo, se ha asentado otra categoría escurridiza: la del terrorista. Con tantas palabras para elegir, cada cual describe la realidad como quiere. Incluso para sus opositores, el Gal no era terrorismo, sino guerra sucia. Es pasmoso que a los críticos del Gal no les cree problemas de concepto el contraterrorismo masivo de Irak. ¿En qué momento el terrorismo se convierte en guerra y se hace legal? También es pasmoso que quienes ni remotamente se plantearían la posibilidad, o eso esperamos, de bombardear a los habitantes de Vitoria para acabar con los etarras y sus simpatizantes, consideren que su compromiso con la democracia les exige hacer llover misiles sobre Bagdad o Faluya, Uno se pregunta contra quién van dirigidos los petardos: pues los milicos dicen que tratan de minimizar las pérdidas de vidas inocentes, sólo mueren los que se ponen en medio y los cabecillas de los malos invariablemente se escabullen. Por razones prácticas y por razones de decencia humana, hay que buscar otros métodos de administrar el mundo. No porque Bush haya ganado las elecciones, hay que rendirle pleitesía y llevarle la corriente en el mayor conflicto moral y físico que hemos conocido en la vida pública reciente. El insignificante Zapatero se ganó a pulso nuestro respeto recordando cosas elementales en un mundo de hienas. Pero la otra opción, aunque esté refrendada ahora por los cruzados ultramarinos, le parecía y le parece claramente inmoral a la mayoría. Con Bush y su banda habrá que hacer componendas, como se hacían con Sadam Husein cuando reinaba, pero esperemos que nuestros gobernantes sean bastante civilizados para decirle que no en lo fundamental. Aunque claro que es pueril propinarle pataditas en la espinilla. Lo que se merece es un enorme, continuo, inacabable patadón en el culo.