Diario de León

CON VIENTO FRESCO

Imperialismo lingüístico

Publicado por
JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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EL DEBATE sobre el catalán y valenciano, suscitado por la presentación en el parlamento europeo por el gobierno de Zapatero de cuatro textos de la Const itución Europea en las lenguas cooficiales de las CC.AA. españolas, no es un problema lingüístico sino político, pues es en ese terreno en el que los nacionalistas de todo pelaje pretenden dirimirlo. Desde el punto de vista lingüístico no sé si el catalán y el valenciano son hoy el mismo idioma. Evidentemente tuvieron un origen común y una historia igualmente común, al menos durante un largo periodo de tiempo, pero hoy presentan diferencias fonéticas, morfológicas y léxicas que los han ido distanciando y diferenciando. Como defienden algunos autores, desde el renacimiento literario valenciano en el siglo XIX, con Teodoro Llorente, este idioma ha seguido una evolución independiente del catalán, y así lo atestigua la Academia Valenciana de la Lengua, pero desconozco si esto es significativo. En todo caso, este proceso más o menos pronunciado, no es muy diferente del seguido por el gallego-portugués, dos idiomas con el mismo origen y con una historia común pero que desde el siglo XV, se distanciaron hasta hacerlos hoy bien diferentes. Sin entrar en cuestiones que no me incumben, mi experiencia de más de veinte años de vacaciones en Castellón es la siguiente: no me resulta difícil entender el valenciano hablado pero si el catalán, del mismo modo que entiendo bien el gallego y con mucha más dificultad el portugués hablado. La lingüística, me parece, no es la cuestión relevante, sino por qué se plantea ahora un problema que debería estar resuelto hace muchos años. De hecho, si el valenciano es el mismo idioma que el catalán, como arguyen los catalanes, deberían estos haber impugnado en el Tribunal Constitucional el artículo 7° del Estatuto de la comunidad valenciana que dice que «los dos idiomas oficiales de la Comunidad Autónoma son el valenciano y el castellano». El artículo 3° del de Cataluña afirma que «el idioma catalán es el oficial de Cataluña, así como también lo es el castellano, oficial en todo el Estado español». Los dos estatutos dejan claro que los ciudadanos de ambas comunidades quieren distinguir sus respectivos idiomas dándoles nombres diferentes. Esta guerra de las lenguas tiene su origen en el chantaje permanente al que someten los nacionalistas catalanes a Zapatero por su debilidad parlamentaria y política. Cede en lo de las lenguas pero ¿cómo no va a ceder en esta cuestión quien afirma en el Senado que el concepto de nación es «discutido y discutible»?. En esto Zapatero muestra una debilidad en su formación política preocupante. El problema no es la lingüística, como ya he dicho, sino la obsesión de algunos nacionalistas por utilizar la lengua como arma política. De la supuesta existencia de una lengua catalana hablada en Valencia y Baleares, Maragall se saca de la chistera unos inexistentes «países catalanes» como realidad política a reivindicar, que incluirían a Cataluña y a las otras dos comunidades mencionadas. Los nacionalistas de ERC van aún más allá y dan una nueva vuelta de tuerca al gobierno al proclamar por boca del bocazas de Ernesto Benach, presidente del Parlamento de Cataluña, la existencia de una nación catalana que incluiría a los habitantes de todos los territorios citados. Los españoles, término por cierto provenzal tan cercano al catalán, no somos una nación, dicen los nacionalistas, y nuestro presidente les apoya al defender irresponsablemente que éste es un concepto discutido y discutible, pero los catalanes sí lo son y además deciden quiénes deben incluirse en su nación, lo quieran o no. Por supuesto los valencianos y las gentes de las Baleares no son una nación por lo que deben someterse a los dictados de estos fascistas, que se las dan de progres. Ya tenemos planteado aquí el mismo problema de los vascos con respecto a los navarros. Algunos, en lugar de solucionar los problemas, no hacen más que suscitarlos.

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