BURRO AMENAZADO
Biopríncipe de Gales
CARLOS, el Príncipe de Gales, lleva lustros a la espera del trono que le legará la incombustible Isabel II, reina del sombrero rococó, y es famoso por su pinta de caballero de la triste figura, orejas prominentes, ligue clandestino con Camila Parker -musa de caballuna belleza y tiernos propósitos- y culebrones vecinos a la escandalera, tras el castañazo parisino de Lady Di, metida en farras. Demando república frente a monarquía pero, entre la realeza que vive del cuento, confieso mis preferencias por este caballero tristón. Disimulado bajo su sempiterno abrigo tostado o el barbour encerado, Carlos ha puesto en marcha y es el gerente eficaz de la empresa HRH -His Royal Highness, Su Alteza Real-, modélica en organización y beneficios. Hombre listo, ha contratado como director de comunicación, a golpe de talonario, a Paddy Harveson, curtido en vender la imagen de los futbolistas rojos del Manchester United: Así ha llegado la paz y los atorrantes tabloides británicos truecan aventuras falderas y complots esotéricos sobre el accidente de Diana por nuevas del Príncipe de Gales premiando a raperos que vilipendian su estirpe, en regañinas a arquitectos y munícipes que destrozan paisajes urbanos tradicionales, o hablando de comercio ético. El chollo de Carlos proviene de las rentas del condado de Cornualles, usufructo de unas 57.000 hectáreas repartidas por Inglaterra. Como le gusta mucho la agricultura, tira de tractor en la granja familiar de Highgrove, su casa de campo, y ha creado la marca Duchy Originals, líder del mercado biológico británico. Entre los productos estrella, tienen muebles, apodados distinguidos y cómodos, hechos con madera certificada en su aprovechamiento sostenible en los montes de Robin Hood. El paté de caballa ofrece garantía de proceder de captura respetuosa con la pesquería. Galletas, mermeladas, chocolates, carnes, salchichas y jamones certifican autenticidad campesina. El biopríncipe orejudo trabaja.