Diario de León
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FEDERICO ABASCAL
León

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ETA se sumó ayer a su manera al cumpleaños de la Constitución, salpicando esta vez con explosiones de bajo calibre varios puntos de la geografía española. Le gustan a esa banda asesina las efemérides, por lo que se esperaba desde el pasado viernes -primeras explosiones en torno a Madrid-, y ya con las fuerzas y cuerpos de Seguridad en alerta máxima, algún nuevo atentado o cadena de atentados terroristas. Santillana del Mar, Ciudad Real, Málaga (en el Paseo de los Curas, junto al bellísimo parque), Alicante (en la Explanada junto al mar), León (en pleno centro), Valladolid... fueron los lugares en los que, a la una y media de la tarde, iba a sonar la cohetería etarra, según anunció un portavoz de ETA al diario Gara . Por si ETA insiste en demostrar que donde coloca un pequeño artefacto explosivo puede colocar uno mayor, debe asegurársele que todos los españoles lo saben. Debe asegurársele también, para limar cualquier residuo de esperanza que mantengan los miembros aún sueltos de la organización terrorista, que ETA sólo tiene un destino, «el fin de la violencia y el abandono de las armas», como afirmó ayer el presidente Rodríguez Zapatero, apostillando que «espero que ese destino llegue muy pronto». El líder del PP, Mariano Rajoy, aseguró que «siempre estaremos detrás del Gobierno..., y a partir de ahí la batalla se acabará ganando». La pirotecnia, sobre todo si es letal y destructiva, suele ser más espectacular que la política, por lo que la indeseada presencia de ETA en la efeméride constitucional desdibujó las ausencias en la recepción conmemorativa del Congreso, con asistencia de una amplísima representación política y social. Se hizo notar la lista de ausentes, especialmente por las justificaciones de las ausencias, a las que podría calificarse con cierta benevolencia de infantiles, y no porque no se apoyaran en sólidas razones (dada la solidez que va adquiriendo el subjetivismo), sino porque esas razones no justifican la inasistencia a la fiesta de los que no las comparten. Afortunadamente, el presidente del Congreso de los Diputados, Manuel Marín, dijo en la sencilla solemnidad de su discurso que «empecemos a respetar la simbología de unos y de otros, y de forma natural». A muchos ciudadanos les preocupa que tantos símbolos estén contaminando la política, que se llegue a la idolatría a los símbolos, y no sólo a los visibles -banderas, siglas...- sino a los conceptuales -autodeterminación, independencia, centralismo, republicanismo...-, lo que ya hace difícil que se encuentre una fiesta a la que acudan sin esfuerzo todos los españoles. Ni siquiera la fiesta de los toros.

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