Diario de León

Publicado por
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS
León

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MÁS ALLÁ de la condena sin paliativos a sus métodos criminales y mafiosos, ETA y sus intérpretes siguen ejerciendo una fascinación incomprensible sobre partidos y personas de trayectoria inequívocamente democrática. Sólo así puede entenderse que quienes se muestran por completo intransigentes con actos que ni de lejos pueden ser comparados a la larga trayectoria de ETA militar (desde los intolerables malos tratos que sufren los presos de Guantánamo hasta los muy preocupantes recortes de las libertades a cuenta de prevenir las amenazas de Al Qaida) estén siempre dispuestos a interpretar en positivo cualquier gesto procedente del submundo del independentismo vasco radical. Ha sucedido así infinidad de veces durante el último cuarto de siglo de vida democrática. Y ha vuelto a acontecer exactamente de ese modo hace tan sólo una semanas, cuando Otegi proclamó solemnemente lo que viene diciendo desde que tiene uso de razón (es un decir): que si queremos que desaparezcan las pistolas hay que negociar con los pistoleros la situación del País Vasco. Bastó en esta última ocasión con que Otegi deslizará una críptica referencia a que los suyos estaban dispuestos, tras esa eventual negociación, a participar en la vida democrática -es decir, ¡a dejar de apoyar de hecho y de palabra a los etarras!- para que una legión de comentaristas y algunos conspicuos líderes políticos salieran de inmediato a la palestra a defender el supuesto giro histórico de quienes sólo han hecho una cosa para ganarse su crédito político: afirmar durante un cuarto de siglo que es legítimo eliminar a tiro limpio a competidores y adversarios. El que esos comentaristas y esos líderes sean, además, en su inmensa mayoría los mismos que consideran, por ejemplo, que Aznar, Blair y Bush son unos criminales, o que lo fue en su día Felipe González, por omisión o por acción, hace aun más sorprendente su ciega confianza en que quienes se han limitado a defender el derecho de los asesinos a matar vayan a cambiar de posición de la noche a la mañana. Pues bien, se han vuelto a equivocar. Como desde hace tanto tiempo, como siempre. Ha sido suficiente con que ETA haya reaparecido en toda regla haciendo lo único que sabe -tratar de amedrentarnos con el uso del terror- para que Otegi, ¡Otegi!, haya vuelto por sus fueros. El lunes dijo ese sujeto, que a algunos merece más credibilidad que dos presidentes del gobierno elegidos por millones de ciudadanos en uso de su libertad, lo mismo que el domingo: que las bombas de ETA era la consecuencia del conflicto. Ya lo sabíamos: por eso para acabar con las bombas hay que acabar con el conflicto: es decir, con ETA militar.

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