Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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UN AÑO después de que le encontraran, escondido en el centro de la tierra, Sadam Huseín se dedica a cultivarla. Antes tenía las manos manchadas de sangre y ahora tiene en ellas un miguelhernandiano olor a herramientas. Su histórico juicio, tantas veces anunciado como inmediato, se pospone una vez y otra, dejándolo para la próxima cosecha. Su captura no ha servido para estabilizar Irak, sino para poner las cosas peor. Cuando las tropas invasoras le atraparon, con la barba llena de piojos, se nos anunció que íbamos a presenciar de un momento a otro uno de esos «juicios del siglo» que suceden cada dos o tres años, pero no ha sido así, quizá porque en esta guerra, que no ha ganado nadie, haya mucha gente que ha perdido el juicio. El sátrapa se tutea ahora con la tierra. Sostiene una flor como antes enarbolaba un alfanje y espera a que le autoricen a recibir a cualquiera de sus treinta abogados para establecer las bases de su defensa. Hasta que ese momento llegue, el ex dictador ataca. La soledad de la celda, el obligatorio recogimiento y esa dilatación del tiempo que se da siempre que se le ponen barrotes, favorecen mucho la creación literaria. Podría hacerse una antología de grandes obras nacidas en chirona, pero es de temer que entre ellas no merezca figurar la novela que ha escrito Sadam, titulada «¡Largo de aquí, bastardos!». Tampoco sus versos, según quienes han tenido el infortunio de leerlos, tienen posibilidad alguna de traspasar las edades. De todos es conocido que la literatura no se hace con buenos o malos sentimientos, sino con una sustancia mágica llamada talento, generalmente incompatible con la crueldad deliberada. Cuando le juzguen, que ahora dicen que será allá por el año 2006, el que se sentará en el banquillo no será un terrible déspota, sino un avejentado jardinero. Quizá le ocurra como a Pinochet, procesado y bajo arresto ahora por la fúnebre «Operación Cóndor», al que un juez que no sabe contar bien le imputa nueve secuestros y un homicidio. En defensa de los dos quizá acuda el letrado Alzheimer.

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