CON VIENTO FRESCO
Gómez Domingo en Teruel
SON LOS ÚLTIMOS días de diciembre y la nieve lo cubre todo. Al levantarme, desde la ventana veo el campo, los jardines y los tejados de Cacabelos cubiertos de un hermoso manto blanco. El sol reverbera sobre la nieve un momento, pero al cabo de unos minutos todo se vuelve oscuro y nuevamente comienza a nevar. También entonces, en diciembre de 1937, nevaba copiosamente en Teruel y el frío intensísimo penetraba hasta los huesos de los que habían hecho de la ciudad y el valle del Alfama un campo de batalla en el que dirimir sus diferencias. Luis Gómez Domingo nos trae el recuerdo de aquella dramática batalla en los extraordinarios lienzos que se exponen estos días en el Auditorio de León. Una buena parte de los cuadros ya los había visto a comienzos del verano en el estudio que el pintor tiene en Lombillo. Luis me invitó a verlos con discreción, cuando todavía estaba en plena faena, realizando febrilmente estudios sobre los textos, dibujando retratos de personajes y escenas de los combates, pintando los grandes lienzos en los que iba plasmando el drama de una guerra fratricida. Estaba entusiasmado con lo que hacía, parecía revivir el pasado, no para recrearse en él sino para trascederlo, en un tiempo en el que algunos pretender resucitar viejos fantasmas para arrojarlos a la cara del contrario. No hay ya las dos Españas sino una sola que tiene que saber digerir el pasado y enfrentarse a él sin acritud. Aunque afincado en el Bierzo, Gómez Domingo es un turolense que conoce la historia de su tierra, que la revive en sus lienzos y la trasciende en su recuerdo. Al ver los cuadros de la batalla, en los que no hay propiamente escenas bélicas, sino las consecuencias terribles de los combates, uno entiende el dramatismo de las guerras. La ciudad está cubierta de nieve y sobre los tejados nevados se levanta una columna de humo de los incendios provocados por los bombardeos. Los campos están cubiertos de nieve, y por ellos los soldados, sin signos distintivos del bando nacional o republicano -todos son partícipes de un mismo dolor-, caminan tiritando envueltos en sus capotes. Largas filas de hombres, mujeres y niños, con la tristeza y el miedo en sus rostros, vagan entre la nieve hacia un incierto lugar donde protegerse. Eso es hoy la batalla de Teruel: un grito contra la guerra. Y el haberlo sabido plasmar es lo que hace universal estas pinturas de Luis. La batalla, que comenzó a mediados de diciembre, tuvo una relación muy estrecha con León, pues la provincia se vistió de luto. Andrés García Trapiello contaba hace poco, cómo por Navidad su padre solía repetir todos los años la historia de su participación en esa batalla de Teruel, en una de las banderas de la Falange de León que, tras el final del frente de Asturias, fueron rápidamente trasladadas a taponar la herida inflingida por el ataque republicano. Desde niño yo también viví el recuerdo de esa batalla en los relatos de mi padre, que en ella, por el frío intenso, quedó temporalmente ciego. En el bando republicano luchaba otro leonés -adoptivo- ilustre, Vela Zanetti, que en cierto modo ha sido la excusa de la exposición. Gómez Domingo no es un historiador sino un pintor, y es con la pintura con la que resuelve el problema que se ha planteado al recordar la batalla de Teruel, y lo ha hecho profundizando en una estética y en una técnica pictórica que ya se intuía en sus últimas obras. Luis ha sido un excelente pintor figurativo, de cuadros de ambiente local y costumbrista; pero desde hace algunos años ha evolucionado positivamente hacia un expresionismo abstracto, en el que eliminando todo lo superfluo y anecdótico de sus cuadros, se queda únicamente con lo substancial, con aquello en lo que radica la esencia de las cosas, como podemos admirar en los cuadros de la batalla de Teruel. Además en ellos ha tenido el acierto de utilizar una gama muy limitada de colores, en muchos no hay más que blancos y grises, con lo que logra un mayor dramatismo en esas escenas de nieve, horror y tristeza.