Diario de León
Publicado por
CARLOS CARNICERO
León

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NO LOGRO situarme en la realidad de la catástrofe porque las cifras y los escenarios son tan desmesurados que impiden una evaluación comprensible. Sólo hay que coger una regla y un cartabón para establecer las dimensiones sobre el mapa del mundo y ver que la ola gigante todavía no ha llegado a las costas del Perú. Las cámaras recopilan los cadáveres en los hangares y la ayuda humanitaria se dibuja en embalajes a lomos de inmensas aeronaves que parten hacia el epicentro del horror. Los seres humanos que tenían poco, lo han perdido todo y la naturaleza se encarga de completar la obra del hombre en una destrucción que siempre se empecina con los más débiles sólo por la densidad aritmética de que ellos son muchos más. Luego, el tiempo pasa, y la tragedia se constituye en una referencia para la siguiente, marcando un calendario que separa y une las grandes catástrofes. Este maremoto se encontrará con otro que reúna las dimensiones necesarias para que sean comparables entre sí. Y los cadáveres serán enterrados, las comunicaciones se restablecerán en la medida que puedan hacerse llegar recursos y los países pobres serán cada vez más pobres en comparación con los ricos que seguirán creciendo sobre la desigualdad. Otra vez el pesimismo. Aquí cae un poco de nieve y quedamos atrapados por no llevar cadenas y por falta de sal en las autopistas. Allí tuvieron un exceso de agua porque la tierra tembló duro debajo del océano. Entonces surgió tsunami. Nunca había oído hablar de él. Ahora no voy a poder olvidarlo.

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