CON VIENTO FRESCO
El Archivo como síntoma
LO OCURRIDO con el Archivo Nacional de la Guerra Civil ubicado en Salamanca no es sólo un atropello científico, sino un síntoma de lo que está ocurriendo en España con el gobierno de Zapatero. Algunos todavía no quieren enterarse de la gravedad de muchas de sus decisiones o de lo inerme que dejan al Estado algunas indecisiones. Muchos socialistas tienen que tragar con carros y carretas, y algunos, como Villalba, que hace declaraciones irresponsables y tendenciosas, se ven arrastrados a defender lo indefendible, lo que luego pagarán con creces y otros lamentaremos pronto. La decisión de la ministra de Cultura de trasladar parte del archivo de Salamanca a Barcelona es el síntoma de una política irresponsable y de que con tal de mantenerse en el poder, a algunos políticos no les importa ni la humillación de otras comunidades, ni el desprestigio del Estado y sus instituciones. El primer síntoma es la instrumentalización de las personas y de las cosas con fines políticos, algo que hemos visto en otros casos pero que en éste es flagrante. Con lo que sabemos, tras las declaraciones de algunos de los expertos convocados para dictaminar sobre el archivo, toda la labor de la comisión fue una comedia, pues no hubo ninguna discusión, ningún informe técnico, jurídico o científico que justificase el traslado de los documentos. Ahora conocemos que la mayoría de los papeles no se llevaron a Salamanca desde Cataluña sino desde Madrid, que la ministra blindó documentos andaluces de la Casa de Medinaceli para que no pudieran salir de esa comunidad, y que expertos de la Unesco se oponen a la disgregación de archivos semejantes y de parecidos orígenes. No les importa nada; antes de las reuniones ya se sabía el resultado: trasladar los documentos por imposición de los nacionalistas catalanes, con el presidente de la Generalidad, el socialista Maragall, al frente. Este es el segundo síntoma y el más preocupante para España. Los nacionalistas no quieren los papeles por su valor documental, sino para mostrar su fuerza y evidenciar la debilidad del Estado. Este problema había sido ya discutido en tiempos de Aznar y resuelto con la negativa al traslado Lo que quieren los nacionalistas no es ya humillar a Castilla y León, lo que sin duda han conseguido con el apoyo de Villalba y sus correligionarios, sino desprestigiar y debilitar al Estado para derrotarlo. Es probable que algunos ingenuos todavía piensen que lo que pretenden sólo es aumentar un poco más su cuota de poder en el reparto autonómico. Después de ver lo ocurrido en el País Vasco con el plan Ibarreche, sólo los tontos o los malvados seguirán diciendo que el PNV no es un partido independentista. El PNV -hay que hablar claro- justificó antes el terrorismo etarra, al que amparó y del que se benefició, y ahora no le importa destruir la democracia y la convivencia entre los españoles. No veo ninguna diferencia entre nacionalistas vascos y catalanes en esto, basta conocer las relaciones de Carod Rovira con ETA y los apoyos al plan Ibarreche para confirmar que defienden los mismos objetivos. Lo grave no es que Zapatero esté condicionado por los nacionalistas para gobernar; lo angustioso es que este presidente carece de principios políticos para frenar una arremetida como la que han emprendido los nacionalistas en estos meses. Existen bases legales y constitucionales para atajar la deriva independentista, pero hay que querer aplicarlas, lo que es dudoso con un presidente que no distingue entre nación y Estado, ni entre nación y nacionalidad. Más grave aún. La política de Zapatero, y lo del archivo es el mejor ejemplo para demostrarlo, parece sustentarse en un revanchismo sin límites. Ni éste, por razones familiares, ni los nacionalistas, por su ambigüedad en aquel acontecimiento, parecen querer superar la guerra civil. No es la unidad del archivo lo que les importa sino derrotar a los vencedores de la guerra que identifican, falsificando la historia, con los castellanos y leoneses, a lo que hay que humillar y vencer.