CRÓNICAS BERCIANAS
El edicto de Augusto, para Viñales
SI ESTE FUERA un país sensato, esta sería una provincia sensata, y por consiguiente mal que pese administrativamente a unos cuantos, la berciana sería una comarca medio cuerda. Sensu contrario, y a tenor de los debatísimos que se entablan en esta nación de naciones, -o estado de comunidades nacionales, o comunidad nacional de naciones- a costa de los jodidos papeles de la Guerra Civil depositados en Salamanca, no es extraño que ahora todo comarcano que se precie se impregne del espíritu carodrovirense para exigir la devolución de sus propiedades. Así se llega a la reclamación del edicto de Augusto por parte de Ponferrada al Museo Provincial de León, una modesta pieza de bronce que al profano visitante de este tipo de establecimientos dejará más que indiferente, pero que los historiadores consideran la leche si de lo que se trata es de ponerse a reescribir libros y organizar congresos sobre lo que fue la presencia de los romanos en el Noroeste de España. El Edicto, si fuéramos serios decía, tal vez nunca hubiera tenido que salir de Ponferrada cuando el particular zahorí que lo descubrió fue obligado a ponerlo en manos del patrimonio público. Lo que ocurrió es que entonces el Museo del Bierzo no estaba integrado en el sistema, y lo que ocurre ahora, seis o siete años después, es que nadie -acaso por que a la Junta de Castilla le interesa un pepino- se ha ocupado de que la muestra museística de la calle del Reloj esté habilitada para lograr la exhibición de este tipo de piezas. Pero como esta provincia y esta comarca hay temporadas que parecen modelo de inspiración para el Rue 13 del Percebe, pues canta demasiado que al hilo de lo de Salamanca ahora pongamos el grito en el cielo para reclamar al Museo de León la devolución del edicto de Augusto. Porque ya puestos en esta línea de reivindicaciones, se echa de menos la voz del alcalde de Bembibre para exigir con más derecho territorial la reintegración del codiciado bronce. Y si fuéramos aún más neciamente escrupulosos, e hiciéramos caso a los conocedores de la historia del fabuloso hallazgo, habría que tirar de las orejas al mudo pedáneo de Viñales, que parece ser el pueblo más próximo al punto donde se produjo la exhumación, y por extensión al Consejo del Bierzo que debiera estar exigiendo ya a Juan Vicente Herrera y a José Luis Rodríguez Zapatero para Viñales un macromuseo etnográfico de esos de corte minimalista que tanto se llevan ahora para exponer, exclusivamente, en su epicentro las recetas de pacífica convivencia de Augusto a nuestros tercos ancestros. Claro que antes, el Consejo Comarcal del Bierzo debería aclarar con los presidentes de las mancomunidades si están dispuestos a inmolarse en su pro. El dilema reintroducido por Ricardo Saavedra no parece baladí. Hace tiempo que creo que el porvenir de la comarcalización radica en la desaparición de los reinos taifas intermunicipales. De lo contrario parece absurdo seguir nutriendo una maquinaria tal inútil para el interés público. Salvo que por el camino que vamos, a alguien en otros lares se le ocurra boicotear el consumo del botillo, y el Consejo Comarcal encuentre al fin una causa justa que capitanear.