Nos toman por loros
Viendo a mi esposa abastecer de detergente la lavadora, me vinieron recuerdos de mis años de niño y de mozo cuando mi madre lavaba la ropa de siete personas. Fregaba los suelos y las paredes de toda la casa que tenía unos 150 metros cuadrados y también los cacharros, con una libra de jabón (450 gramos) que se llamaba Lagarto y aún sobraba para la higiene personal de todas las zonas del cuerpo cubiertas de pelo, ya que este jabón contenía sosa que era un magnífico bactericida, para combatir los piojos y pulgas muy abundantes en aquellos años. Actualmente para hacer esta limpieza se necesitan cinco kilos de detergente, champús especiales y más de 100 litros de agua. En aquellos años con caldero o balde de 12 litros bastaba. También me viene a la memoria el uso de las cocinas llamadas bilbaínas y las calefactoras que mantenían las viviendas con una buena temperatura, y los que tenían la suerte de tener las llamadas glorias que eran usadas por romanos y griegos, y luego en palacios y castillos, y que consistía en canalizaciones en paredes, muros y suelos. Por estas canalizaciones discurría el fuego y el humo que se alimentaba con leña desde algún lugar de la vivienda, palacio o castillo. Lo mismo que se hace ahora con las tuberías de calefacción; hemos ganado comodidad, pero contaminamos mucho más. En los años 1950 a 1980 apenas había sobrantes de basura, se quemaba casi todo en las cocinas. Hemos conseguido más comodidad y más higiene, pero nos la hacen pagar mucho más caro, y los resultados son parecidos a los que obtenían nuestras madres y abuelas, haciéndolo a mano y no se consideraban esclavas de nadie, ya que tenían como orgullo que todo lo que lavaban y limpiaban quedara más blanco y más limpio que las demás vecinas. José Carlos Montero Sahagún (León). Tengo veintiocho años y mi principal preocupación es elegir mi destino, más concretamente el laboral, dentro del abanico de posibilidades que ofrece mi entorno más cercano, pues una de las premisas es no emigrar ni a la ciudad, ni a otra provincia o país. No sé a qué dedicarme; me conformo con lo que tengo cerca de casa, pues aunque no es todo lo que me gustaría que fuese, sí me veo con el derecho/deber de mejorarlo todo lo posible. Reconozco que no pertenezco al rebaño en muchas ocasiones, lo que es bueno/malo, pero lo que sí me siento es leonés y elijo voluntariamente permanecer en esta tierra y luchar por vivir dignamente de ella. Noto mi raíz y la escarbo y riego para que no se muera, conozco mucha gente que piensa igual... Mi aspiración es aceptar mi identidad leonesa y hacer de este paisaje y paisanaje mi morar en esta vida. Sé que León es muy grande y reconozco mi ignorancia sobre sus comarcas y gentes. Yo quiero mi lugar de siempre, mis recuerdos... ¡No quiero emigrar! Sé que es posible. Estoy buscando trabayu. ¿Quién me lo da? Sealma (Veguellina de Órbigo). Quisiera contestar a José Luis Vázquez, director del C.R.A. del Burgo Ranero, que el pasado día 31 me contraviene en esta sección. No se confunda, nunca he pretendido enmendar o cuestionar el trabajo de Acacio Díaz (ni el buen servicio que presta a su comarca). Sí lo he hecho, sin embargo, en el caso de un trabajo concreto, ese trabajo al que también usted se remite (DL, 15/9/04). Cuando este Diario me concedió el espacio para manifestarme en sus páginas (gentileza de la que disfruta también el señor Vázquez), lo hacía en dos sentidos. Primero (y principal), ejercía el derecho a corregir una información errónea y fundaba tal enmienda en un conocimiento directo de los hechos. Un error en sus fuentes de información (u otra causa que no adivino) provocaban el ofrecimiento a los lectores de una información incierta: desinformación, en fin. Y, en segundo término, puesto que Acacio Díaz no sólo informaba, también opinaba (o transmitía una única opinión, que tanto monta), añadía mi disconformidad con ese parecer. La hemeroteca avalará lo que digo sin necesidad de mayores detalles. En resumen: de aquella opinión (sea o no del periodista), sigo discrepando; aquella información, sigo rectificándola. Nada más. Si se quiere ver algo distinto es que no se entendió o no se quiere entender, por causas que ignoro. Sirvan estas líneas para aclarar que Acacio Díaz, o usted, están a salvo de cualquier pretensión censora o reprobatoria por mi parte. Querría estar seguro de lo mismo respecto de su intención, habida cuenta del escaso tino con que plantea, de nuevo, esta ajada cuestión. Luis Grau (León). Sobre la Constitución Europea, invito a leer el artículo de Fernando Onega del pasado día 13 de enero y que titula «El escudo de Europa». Más claro, el agua. Además, votando sí, haremos una Europa fuerte capaz de competir con EE. UU. y China, convirtiéndola en una potencia económica. Pilar M. (Barcelona). Antonio (Barcelona; debate en la edición digital).