Diario de León

SIETE DÍAS

¿Qué hacer con tantas autopistas?

Publicado por
FERNANDO ALLER
León

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LA POLITICA, desde un punto de vista exclusivamente técnico, es aquella actividad ejercida por los políticos, por delegación de la sociedad, que consiste en utilizar de la mejor manera posible los medios públicos, (o sea, los impuestos que pagamos todos) para el mayor bienestar de los ciudadanos. En definitiva, como los recursos son limitados y las necesidades infinitas, la acción política persigue la determinación de una escala de prioridades con el fin de concebir las estrategias más adecuadas para resolver los problemas de la forma más rápida y más económica posibles; en definitiva, más eficaz. Esto es una obviedad y ciertamente que sonroja un poco escribir verdades de Pero Grullo, o sea, perogrulladas. Pero a veces es conveniente, porque cuando uno escucha los debates de los políticos tiene la sospecha de que muchos se olvidan del sentido común o, simplemente, desprecian la inteligencia del común, que somos todos menos ellos. Vienen estas consideraciones a cuento de la polémica suscitada ahora con un proyecto virtual, cual es la construcción de otra autovía entre Asturias y Oviedo. Resulta que el PSOE prometió en la campaña electoral suprimir el peaje de la autopista León-Huerna, cuya gestión lleva a cabo la empresa semipública Aucalsa, con plazo de caducidad en el año 2050. El rescate de la autopista en la actualidad puede costar a las arcas del Estado 1.300 millones de euros, mientras que la construcción de una doble carretera paralela a la ya existente podría suponer una inversión de 1.600 millones (Sin incluir la consecuente compra de la autopista de Astorga). Es decir, por el módico precio de los 300 millones de la diferencia podríamos contar con cuatro excelentes vías de comunicación con Asturias, dos por las que pasarían los vehículos (las que promete el Gobierno de carácter gratuito) y otras dos vacías, las de la actual autopista, de pago y sin duda mucho peores, ya que actualmente no se conciben autopistas con curvas y desniveles tan pronunciados. Claro que incluso este cálculo resulta una falacia, porque es evidente que si Aucalsa no recauda dinero tampoco podrá pagar al Estado el compromiso de la concesión. Resulta sorprendente esta euforia planificadora de autopistas cuando las que han llegado a León en los últimos años, después de una agónica espera, todavía no se comunican entre sí; cuando nos falta la unión de la ronda de circunvalación de la capital en su trazado oeste, a través de San Andrés, o cuando avanzan a ritmo de tortuga los trámites administrativos para que algún día comiencen las obras de la primera autovía con Valladolid... Uno tiene la sospecha de que alguien en su aviesa, por sospechosa, ingenuidad (la de creer tontos a los asturianos y a los leoneses), pretende levantar cortinas de humo para evitar afrontar una decisión imposible. España no puede rescatar las autopistas de peaje que existen en la actualidad y tampoco parece que nos sobre el dinero para duplicar infraestructuras como si de un Scalextric se tratara. Si el PSOE metió la pata prometiendo quimeras, lo mejor es que cuanto antes reconozca su error. Es más honesto y, además, seguro que su desgaste político a la larga será menor. Lagun Air rectificó su propia fecha de cierre, ayer, y los aviones seguirán operando con toda normalidad. La sociedad que gestiona el aeropuerto, AENA, se ha comprometido a agilizar las mejoras reclamadas por la compañía aérea y como prueba más inmediata ha sido ampliado el horario de aterrizaje hasta las once de la noche. Entre tanto, un grupo de empresarios leoneses relacionados fundamentalmente con el sector de la construcción y de las comunicaciones, agrupados en torno a la organización patronal CEL, han mostrado su interés en continuar con la gestión de la compañía. El grupo empresarial ofrece cuatro millones de euros y la empresa reclama más de ocho millones. Resulta precipitado aventurar si estas diferencias podrán ser limadas por ambas partes, pero al menos resulta gratificante la existencia del interés por mantener los vuelos. Lagun Air afirma que está dispuesta a entregar la empresa a otro gestor, en el 51% o en el 100%, en contra de lo que se ha dicho con frecuencia: que los actuales propietarios de Lagun Air no estaban dispuestos a perder el control de la sociedad. Fuentes de la compañía aseguran que únicamente pretenden que se mantenga «la máxima gente de plantilla» y que «se siga con el contrato del Consorcio». La semana que se inicia seguramente resultará determinante para despejar las incógnitas existentes. No solamente Lagún Air está en venta. La coincidencia en el tiempo de una serie de fiascos empresariales podría alentar la idea de que la provincia es un auténtico saldo. Enervisa, la sociedad gestada con mucho dinero público para destruir residuos y, de paso, impulsar el desarrollo económico ganadero de una zona severamente afectada por la reconversión minera, busca en un comprador de Segovia la solución al fracaso. Antibióticos continúa con el cartel de las rebajas a la espera de un comprador que ojalá ahora llegue para desarrollar industrialmente la compañía y no para proseguir en el juego del pelotazo, saltos progresivos sobre la cama elástica del dinero público o la mirada puesta sobre el prometedor negocio de hipotéticas recalificaciones del suelo. El campo, que hasta ahora ha ayudado en gran medida al desarrollo inmobiliario de la capital, tampoco ofrece mejores perspectivas. Un informe realizado por la organización Asaja revela que la renta agraria se ha reducido en el último año, a pesar de que las cosechas fueron buenas. ¿Cuál es la explicación a este aparente contrasentido? Dice el mismo informe que el aumento de las cosechas no ha servido para compensar el incremento de los costes de producción, los crecientes precios del gasóleo, de los fertilizantes y de la maquinaria. El agricultor compra cada vez más caro y vende barato. Al margen de otras interpretaciones más técnicas y en absoluto excluyentes, existe una razón histórica: los agricultores nunca han sabido unirse para comercializar sus productos, para poner precio a su trabajo. Todo lo contrario de lo que ocurre en los sectores que aprovisionan el campo de medios de producción. Asaja denuncia la existencia de un auténtico oligopolio consentido por el Gobierno, que impone unos precios abusivos que castigan al sector agrario. Bien, puede ser que también otros sean culpables. Pero eso no ha de excluir la autocrítica. Sólo así podrán surgir las soluciones.

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