Diario de León
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Con estas líneas quiero enviar mi agradecimienrto al gerente de Telenauto de San Justo de la Vega, señor Tomás: Es motivo de gran satisfacción personal encontrarme personas como usted, cuyo ejercicio de la responsabilidad asumida y demostrada nos hace recapacitar que aún hay personas en esta sociedad que ocupan cargos como el suyo, pero que saben que la publicidad más efectiva es el cliente satisfecho. Su diálogo pausado, su mirada a los ojos, el saludo como los de antes y la firmeza de su palabra me demostró que vale más que cualquier documento escrito. Es por eso Tomás que he decidido darte las gracias utilizando este medio y para los que no te conozcan que sepan que detrás de la empresa que riges está una persona con las cualidades descritas. Recibe un cordial saludo. Jorge Alonso Vigil (Gijón). Un cúmulo de despropósitos, eso es León. Crisis en todas las cuencas mineras, ni que decir tiene en la de Sabero, crisis en sector agrario provincial, en la azucarera de Veguellina de Órbigo, en Enervisa, en Antibióticos, en el Banco de España y ahora Lagun Air. ¿En que provincia vivimos? ¿Qué explicación se le puede dar a todo esto? No lo sé. Lo que sí creo es que León está herido de muerte y todos permanecemos impasibles ante tan lamentable situación. Una crónica de una muerte anunciada, ésta es la historia que todos estamos viviendo. ¿No hay nadie que haga algo? ¿Qué pasa con nuestros políticos que no dan soluciones de ningún tipo y lo ven todo impasibles desde sus sillones de cuero? ¿Qué pasa con la sociedad leonesa que no alza, de una vez por todas, su voz?. Creo que entre todos deberíamos hacer algo pero... ¿qué?. León se muere, y no se está haciendo nada para evitarlo. Serapio Pérez Rodríguez (Sabero). El miércoles fallecía don Ricardo Tascón, médico de Matallana de Torío. Su entierro en Matallana constituyó una auténtica manifestación de duelo; un auténtico baño de multitudes; un baño de lágrimas de personas que le querían de verdad, y estaban apenadas por la pérdida de un hombre bueno, un médico, un personaje irrepetible. Yo le conocía desde mi infancia cuando él empezaba a ejercer, allá por los años 40, y ya era querido, respetado, casi adorado. Ejerció la medicina como un sacerdocio, se volcaba con sus pacientes. No había horas, ni días, ni noches; era un servicio permanente de entrega, de sacrificio, con amor; derrochando una humanidad sin límites con sus pacientes. Ni lluvia ni ventisca le detenían en esta zona de accidentada orografía y en un clima de extrema dureza como son los duros inviernos de la montaña leonesa. Se cuentas casos, por pacientes profundamente agradecidos, que rayan el heroísmo. En tu coche «Valiílla», charanga, que todos recordamos, y que parecía una lata de sardinas con ruedas de bicicleta, de cuando empezaste a ejercer, y que te duró mucho mucho tiempo; pero que te permitía llegar a todas partes. Y que al verte pasar todos decíamos: «Ahí va Ricardito». No te llamábamos don Ricardo porque nos sonaba como a algo distante y tú eras, por el contrario, algo muy próximo, muy nuestro, muy íntimo, muy cercano, muy entrañable; eras nuestro Ricardito muy querido. Y se daba la graciosa paradoja de que llamábamos don Senén al practicante y Ricardito al médico. Y cuando alguien se lo comentaba él sonreía amablemente sabedor sin duda del cariño que el diminutivo entrañaba. Cuando se jubiló le erigieron un monumento por suscripción popular en la plaza del pueblo. Pero más grande, sin duda, que ese monumento en piedra es el que cada uno de nosotros llevamos en nuestro corazón. Monumento de gratitud, de cariño, de respeto y de consideración por el bien que nos hiciste, por tu singular comportamiento ejemplar de hombre de bien. Mis palabras se quedan cortas, mi expresión pobre, para reflejar tu inmensa trayectoria, tu ingente obra, pero que sin duda está en la mente y en el corazón de cada uno de nosotros, pero no tenemos palabras bastantes para elogiar tu labor. Fuiste grande de sentimiento, en buenas obras, derrochaste bonomía, generosidad y buen hacer. Don Ricardo la comarca te llora, la comarca te reza, y todos estamos convencidos, dentro de la pena, que hallarás gloria y paz porque sabemos que Dios es justo y tu lo mereces sobradamente. Ant onio Lanza. (Matalla na) Santiago (León; correo electrónico).

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